Editorial: La crisis nos dicen quién es quién sobre el liderazgo

Por ahora lo único cierto es la incertidumbre y la carencia de liderazgos sólidos para enfrentar la nueva normalidad.

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Un Ex Secretario de Estado de los Estados Unidos ha dicho recientemente que la parte más compleja para el liderazgo contemporáneo es gestionar en crisis mientras al mismo tiempo se construye el futuro y ésta pareciera una de las frases más ilustrativas de estos tiempos . Hemos visto alrededor del mundo la forma en que diferentes líderes han administrado la presente situación la cual afecta de forma impensable a la sociedad global.  No obstante, algunos gobernantes han visto en la crisis la oportunidad para la extensión de su desorbitado ego y aferrarse al poder, orientando toda acción a ello, pero no para atender el impacto sanitario y social de la pandemia. Trump, Bolsonaro, Johnson, Erdogan, Putin, Orban, Duterte, Ortega son sólo algunos ejemplos, cuyo comportamiento tan sólo acentúa la pérdida de tiempo valioso  y también de muchas vidas. Se trata por supuesto de juegos muy sofisticados del poder, en donde las apariencias y los grandes intereses participan de forma significativa.

En Costa Rica la coyuntura relacionada con el COVID-19 ha posibilitado a los técnicos de la institucionalidad pública  brillar. Tal es el caso de  profesionales como Salas, Macaya y Soto sólo para mencionar  algunos al frente de esta batalla. El Ministerio de Salud, la Caja Costarricense del Seguro Social, el Ministerio de Seguridad Pública desempeñan un papel relevante. Sin embargo no ha sido así con respecto a la participación del Presidente, quien no hace valer el poder de su investidura, dejando mucho que desear, por cuanto pareciera que el Mandatario no posee el talante necesario para articular una política de Estado ante la emergencia. Se dan  eso sí importantes esfuerzos voluntariosos y aislados organizados de la propias comunidades y sectores, los cuales al menos evidencian una actitud proactiva,  para no arrodillarse ante la crisis. En Costa Rica en todo caso,  la respuesta a la pandemia ha sido más institucional que personal, en contraste con algunos países, donde los mandatarios insisten en liderar con un sentido eminentemente subjetivo y sesgado, sobre una situación que amerita de una visión integral. El delicado balance entre la salud y la economía para evitar una catástrofe social no es un tema menor.

Ejemplos de buenos liderazgos hay en otras latitudes. Es el caso del actual Gobernador del Estado de  Nueva York Andrew Cuomo; uno de los sitios más azotados por la pandemia (cerca de 19000 muertes de las más de 43000 de los Estados Unidos en esta semana) quien ha reiterado con insistencia que la crisis debe permitir a todo el mundo sin excepciones hacer aportes para levantarse, no importa las veces que se haya caído. Sin embargo causa estupor, en un país como Estados Unidos,  la falta de equipo médico y pruebas para atender la emergencia, sobre lo cual no se cansa de insistir el Gobernador. Su crítica y la de los principales medios es cómo la primera potencia del mundo, no cuenta con el equipo necesario, ni con la consideración del Gobierno Federal para atender la emergencia como corresponde. Se han visto  (Nueva York) en la obligación de importar material y equipo. Eso refleja en este caso y en el del Reino Unido la incapacidad y el tiempo perdido para asumir con responsabilidad el problema en ciernes. China y Korea e inclusive Rusia han acudido a la solidaridad con Estados Unidos. Esto hasta hace unas cuantas semanas era absolutamente impensable.  La actitud furibunda de Trump contra la Organización Mundial de la Salud  es por lo demás, absolutamente injustificada y refleja el malévolo deseo de desviar la atención sobre su responsabilidad, por la forma en que ha desembocado la crisis en EstadosUnidos.   Angela Merkel, al final de su carrera política parece aferrada a la idea que Europa debe permanecer unidad para hacer frente a la pandemia, con una narrativa unificadora y distinta del comportamiento nacionalista y aislacionista practicado por Trump, Bolsonaro y otros. La misma Unión Europea no ha estado exenta de contradicciones entre los países del Norte y del Sur. España e Italia sufren hoy las consecuencias de una Unión Europea, cuya solidaridad y compasión naufragan ante el avance de la presente crisis. Recientemente la Presidenta de la Unión Europea Ursula von der Leyen ha manifestado que lo menos que debe hacer Europa con Italia es pedir perdón por la ausencia de colaboración para hacer frente a la crisis acá y en España donde el impacto de la pandemia ha sido inimaginable en términos de vidas humanas.

“Sobran estadísticas y faltan estadistas” ilustra la edición del País, diario español, en estos días. La crisis ha desnudado sin duda alguna las carencias fuertes que se dan en materia de liderazgo. Si las democracias se encontraban en situación lamentable, la crisis ha hecho ver el panorama de forma aún más desalentadora. A fin de cuentas,  lo que se pretende sobre el liderazgo contemporáneo es el concepto de Director de Orquesta, para concertar entre los diferentes sectores y grupos de interés la gestión de la crisis sin sacrificio de la sostenibilidad de las generaciones futuras. Sin ello las bajas podrán ser aún mayores ante la premisa de una crisis global apenas en ciernes

Hay una diferencia sustantiva del impacto que esto tendrá entre los países pobres y los países ricos. No obstante la crisis de liderazgo ha puesto en jaque a diferentes sectores sociales de forma muy diferente entre las distintas naciones. Si bien es cierto aquellos más vulnerables tendrán un impacto aún mucho mayor que los países ricos, estos últimos se han dado cuenta del error garrafal sobre el descuido en materia de salud pública.  El sistema económico promovido por las elites de las sociedades más industrializadas, ha evidenciado estar diseñado sólo para beneficio de un pequeño sector de la población. A lo largo también de décadas, han desdeñado el valor de lo social y del bienestar colectivo. Eso es harto evidente y se traduce en números de víctimas por miles.

Por ahora lo único cierto es la incertidumbre y la carencia de liderazgos sólidos para enfrentar la nueva normalidad,  la del distanciamiento social, esa que conduce al atrincheramiento tecnológico e inevitablemente a un mayor  ensanchamiento de la brecha social.  Ante ello la sociedad civil puede salir fortalecida, entretejiendo con otros actores en la construcción de nuevo tejido social, para edificar de arriba hacia abajo y apelar entonces a esa visión de la cual se carece en las circunstancias actuales. Sin duda alguna el liderazgo consciente, responsable y visionario en tiempos de crisis es un imperativo.

Ya alguna vez lo había dicho Don Pepe, cuando se le preguntó que necesitaba Costa Rica en este caso, para cambiar, a lo cual contestó que el país necesitaba de un invierno histórico.   Al parecer,  el nuestro también ha llegado de forma inesperada.

 

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