Editorial: La esperanza y el 2021

Como lo dijera el poeta Miguel Machado  “El camino se hace al andar y al andar se hace camino, y al volver la vista atrás sólo se puede ver la senda por la que nunca se ha de volver a cruzar”. No hay tiempo entonces para perder más tiempo y cierto sólo es la lucha, sin la cual  la esperanza es  insensata.

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La esperanza a esta altura huele a auto-traición, porque como colectividad nos hemos dedicado más a esperar  y menos a luchar. No hemos hecho responsablemente lo que corresponde. La política misma y la campaña electoral que posibilitaría un cambio de administración en el 2022, aparece en el horizonte como un evento insípido, gastado y desprovisto de interés para la gente. Le hemos extraído y succionado el valor que algún día tuvieron las cosas. Hemos igualmente  desprovisto de sentido a las palabras y  los términos por tanto  han venido gradualmente,  perdiendo su significado. La situación en que nos encontramos es simple, no puede haber esperanza si no hay lucha y un comportamiento, que responda a los signos de los tiempos.

Es así como las democracias han entrado en crisis, los partidos políticos no obedecen ya a las necesidades de los pueblos, y sus dirigentes están desconectados de la realidad económica y social que les circunda.  La promesa y el marketing  político partidista han venido naufragando, al tiempo que las redes sociales adquieren mayor protagonismo. En ellas sobretodo imperan las mentiras, las ocurrencias, la desinformación, la intriga y sin duda el reino de la mala fe y la ignorancia; aunque de cuando en cuando aparezca  algo cierto. Un año no es sólo un cambio de fecha en el calendario,  ni tampoco se debería dejar que las cosas transcurran porque tiene que transcurrir. La inactividad, la pasividad y la indiferencia, no tienen por qué adueñarse de todos los espacios existentes.

Las calamidades del 2020 sólo vinieron a engrosar el lote de penas,  que la sociedad costarricense ha venido acumulando con negligencia desde hace varias décadas. No nos interesó en realidad,  redimensionar y repensar las conquistas sociales que nos posibilitaran ensanchar aún más, el horizonte de oportunidades y de la  movilidad en forma mucho más promisoria. Es inaudito que nos hayamos comportado con tal pasividad durante tantos años, mientras gradualmente han venido naufragando las conquistas más importantes de la sociedad costarricense. La política que es ciertamente una herramienta importante  para la transformación económica y social, se ha venido convirtiendo en una especie de daga puntiaguda y filosa, que sólo ha servido para aniquilar nuestros propósitos y esperanzas. Debemos variar  el abordaje del problema y de la política por medio de la participación activa y consciente. Estar claros que sin lucha cierta nada es posible. Reaccionar con dignidad y valor para construir el futuro es la tarea ineludible que nos corresponde.

Que el 2021 sea mejor, depende en todo caso de la voluntad y el comportamiento que asumamos  a los temas que hoy constituyen la agenda de nuestras principales preocupaciones. No podríamos verlo de otra manera.  No aspiramos a cambios de fecha sino a cambios de actitud profundos, sentidos y verdaderos. Nunca antes en nuestra historia moderna se ha visto el país tan amenazado como ahora.

Como lo dijera el poeta Antonio Machado  “El camino se hace al andar y al andar se hace camino, y al volver la vista atrás sólo se puede ver la senda por la que nunca se ha de volver a cruzar”. No hay tiempo entonces para perder más tiempo y cierto sólo es la lucha, sin la cual  la esperanza es  insensata.

 

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