Editorial: La jarana sale a la cara (Podcast)

La pregunta inevitable es: sí estos hechos le permitirán al Poder Ejecutivo rectificar el rumbo como es debido, o sí seguirá optando por la burla a la legislación vigente y a los sistemas de control que otorga el sistema democrático, sumado a la opacidad a la que se hace igualmente gala.

Este adagio popular se refiere a cuando alguien hace “chanchullo” (algo indebido a sabiendas) y más temprano que tarde el engaño emerge reluciente. Por eso es muy parecido ese comportamiento, al que denota esta Administración de forma cada vez más frecuente: por la vía de decretos y mecanismos creativos, para atender los asuntos con cierta ligereza e inevitable negligencia. La intención para realizar, tiene como constante en todo caso, burlar la legalidad en materia de contratación, y de paso evitar el control al que debe obedecer la institucionalidad. Bajo esa forma de hacer las cosas se han hecho cómplice intereses privados, beneficiarios así de actos administrativos de naturaleza pública.

La cuestión sin embargo no es sólo, que la “jarana sale a la cara” sino que también resulta muy cara; o sea muy costosa, lo cual luce como una característica inequívoca de la presente Administración, y particularmente; aunque no exclusivamente, en lo que refiere a temas de infraestructura. Así ha sucedido con respecto a las obras planeadas en el Aeropuerto Daniel Oduber, en Liberia Guanacaste. A raíz de la inesperada separación del MOPT al Ministro Amador, emergen una serie de aspectos que tienen por denominador común, develar esta forma tan “sui generis” en que se han venido manejando las obras y los recursos públicos en este período. La investigación que piensa realizar la Asamblea Legislativa al ahora Ex Ministro, quizás permita arrojar luces sobre el fondo de lo ocurrido. Igualmente corresponderá determinar al Ministerio Público investigar, sí ha mediado algún acto de corrupción.

De este acontecimiento y otros conexos, hay varias cosas que pueden ser claramente subrayadas: La primera es la burla a la legislación vigente que se da en el ejercicio de la gestión pública, la segunda, es la ligereza con la que se emiten políticas sin fundamentar debidamente los actos administrativos que las sustentan, lo que sujeta a un carácter eminentemente subjetivo y no responsable sobre decisiones tomadas. Agréguese el desdén por los datos que sustentan, o el desinterés por sistematizar experiencias fallidas, así como una notoria arrogancia con respecto a las disposiciones. Todo ello conduce indefectiblemente a estos resultados. En tercer lugar: o hay desconocimiento sobre el cómo se deben hacer realmente las cosas que demanda la buena administración, o queda en tela de duda la intención de beneficiar a determinados intereses sin mayor reparo. Es el propio Presidente quien ha utilizado la frase de “traje a la medida”…ahora el cuestionamiento es: sí en este caso lo que ocurrió allí, se hizo a sus espaldas o bajo su consentimiento.

La magia de querer hacer las cosas a golpe y porrazo, pero además con jarana, tiene un elevado costo no solo material sino también social, porque también está ocurriendo no sólo en materia de banca pública, sino además en educación, seguridad social y seguridad ciudadana. El modelo de gestión del que hace gala la Presidencia de la República está causando, daños difíciles aún de cuantificar. La ciudadanía debe esperar un poco más, cuando todos estos hechos sean debidamente valorados por quien corresponda. Hay mucha información, hechos por discernir en forma más pausada. Los resultados habrán de llegar, pero el proceso de rendición de indagación está en desarrollo, como de cuando en cuando manifiestan los medios de comunicación sobre ciertas noticias.

La pregunta inevitable es: sí estos hechos le permitirán al Poder Ejecutivo rectificar el rumbo como es debido, o sí seguirá optando por la burla a la legislación vigente y a los sistemas de control que otorga el sistema democrático, sumado a la opacidad a la que se hace igualmente gala. Porque de no rectificar, en vez de una jarana a la cara, lo que va a haber será un “efecto boomerang”que puede golpear con mayor intensidad a la presente Administración. Bajo otro viejo adagio, se puede engañar a la gente por varios días, semanas y meses pero no todo el tiempos. Ahora hasta los más leales súbditos del Presidente a esta forma de hacer las cosas, habrán de estar muchos más atentos a evitar riesgos y torpezas, porque de lo contrario todo se les puede revertir, más allá de una jarana en la cara.

 

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