Editorial: La Luna, Marte… ¿y la Tierra?

No tiene ningún sentido buscar nuevos sitios en el universo infinito que semejen nuestro hogar, porque eso no será posible. Ya no habrá tiempo. En estos cincuenta años, no parece que la humanidad haya aprendido las enseñanzas más importantes sobre el cuido del Planeta Tierra,

0

No se puede negar que ese acto especial -hace cincuenta años- al pisar los astronautas estadounidenses; por vez primera, el hermoso e inspirador astro que acompaña nuestras vidas, fue y ha sido un hecho profundamente significativo para toda la humanidad.  Ese acontecimiento, aparte de las necedades de la supremacía espacial durante la Guerra Fría, le permitió al ser humano asomarse por una rendija al infinito, y observar con su propia mirada, el vasto e interminable espacio que alberga todo lo existente y posiblemente también lo inexistente.

Un profesor universitario solía preguntar a los estudiantes, al inicio de su curso de relaciones internacionales, sobre cuál consideraban ellos, el acontecimiento más importante del Siglo XX, a la vez que les pedía razonamiento a su argumentación. Algunos pocos señalaban la llegada del Hombre a la Luna y al preguntar él por qué lo creían, no dudaban en señalarlo como el inicio de la conquista del espacio, o como la evidencia de los maravillosos adelantos científicos y tecnológicos de la humanidad, o bien porque se demostraba así, la grandeza de la especie sobre lo que algunos consideraban impensable e imposible. El docente afirmaba, que si bien coincidía sobre la trascendencia de ese acontecimiento como el más extraordinario del Siglo XX, no compartía la argumentación. Intrigados los educandos le preguntaban sobre su propio razonamiento,  a lo cual él respondía…  “ En realidad lo más importante no fue para  Armstrong, Aldrin y Collins ver lo que tenían al frente, sino más bien aquello que contemplaban al volver la vista atrás, y que asemejaba una canica azul y luminosa, suspendida en la negritud circundante. Era percatarse que nuestro planeta,  azul como es, se mostraba a su vista pequeño, maravilloso y vulnerable a la vez”. Eso daba a los viajeros del Apolo 11, y a quienes viajaron a través de sus imágenes, un sentido de lo realmente importante; que era no sólo el valor de apreciar, sino además de proteger aquella curiosa esfera azul, nuestro verdadero hogar ”.  En ese momento histórico dos hechos se conjugaban en uno solo,  haber alcanzado la Luna y contemplar al mismo tiempo, la Tierra suspendida en el espacio.  El científico y astrónomo Carl Sagan; quien se definía como agnóstico, había llamado en 1994 al planeta, “pálido punto azul”, poniendo a la vez, en la justa dimensión de sus palabras lo siguiente…  “ Nuestro planeta es una solitaria mancha en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad –en toda esta vastedad- no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos ”.

Cincuenta años después hay sin embargo cosas que no han cambiado, tal y como la profunda contradicción entre los avances científicos y tecnológicos de este increíble período de la Historia, con respecto al afán de la especie por destruir el entorno y procurar el cometido de una autoprofecía cumplidora; de carácter más bien catastrófica.  La destrucción de la Amazonia es tan sólo un ejemplo, como lo es la negación del cambio climático provocado por nuestra propia especie.  Hoy en día existen fuerzas sociales y económicas poderosas, alejadas del propósito de equilibrio que demanda la Madre Naturaleza y procuran conducir a la humanidad, por la vía del enfrentamiento con Natura, y  del que sólo la especie humana podrá salir sin duda alguna, derrotada y aniquilada.

Hoy las sociedades materialmente más avanzadas ofrecen viajes espaciales, que incluyen dicho sea de paso la conquista de Marte. Este comportamiento evoca la famosa lectura del Lorax,  (Dr. Seuss  1971) referente a la destrucción del ambiente, ese comportamiento insaciable que conduce a la destrucción total, hasta hacer cierta la mencionada profecía.  No menos cierto es la situación de que haya arriba están dejando mucha basura, como esa que se tira detrás de la cerca o en la esquina cuando nadie está mirando. La cantidad de satélites, restos de naves y artefactos dando vueltas por ahí, es chatarra acumulada y contaminante en el espacio; costumbre necia de los seres humanos, o forma crónica de agredir lo hermoso. No tiene ningún sentido buscar nuevos sitios en el universo infinito que semejen nuestro hogar, porque eso no será posible. Ya no habrá tiempo. En estos cincuenta años, no parece que la humanidad haya aprendido las enseñanzas más importantes sobre el cuido del Planeta Tierra,  y por el contrario es evidente su afán por romper el equilibrio con la naturaleza, que es hacerlo a la vez, con la armonía del espacio infinito. Este pareciera, un viaje sin retorno ni esperanza. Hay quienes se esmeran en acelerar la ruptura de ese equilibrio, de la armonía natural.

La nueva tarea de las personas responsables y conscientes o su gran desafío, es simplemente impedirlo. Luchar de mil formas.   Habrá tiempo todavía? Quizás sea necio preguntarlo. Lo mejor es actuar  y ya.  No es necesario volver a la Luna y  mucho menos a Marte. Salvemos este único Hogar, tal vez nuestros hijos y nuestros nietos puedan entonces crecer, llegar a viejos y disfrutarlo también.

Si le interesa recibir información diariamente:

 

También le podría interesar:

 

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...