Editorial: La metamorfosis de la Democracia y el salto indispensable (Podcast)

El sistema político demanda ser revitalizado y aunque falta tiempo para salir del “oscurantismo democrático” que reviste la actual fase; también en Costa Rica, se hace indispensable profundizar en la discusión nacional sobre lo que está ocurriendo para ahondar en el cambio.

Los acontecimientos en las postrimerías del Siglo XX, y en lo que va del XXI evidencian que los sistemas políticos tienden, como es lógico, a evolucionar, y en el caso de las democracias se ha notado con mayor claridad que lo hacen mediante cambios bruscos, y generalmente dolorosos. En el mundo sobran los ejemplos, pero también en América Latina: Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Perú, Venezuela, o bien Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras, sólo para mencionar algunos sin dejar de lado también el Caribe (Cuba, Dominicana, Haití o la pequeña Grenada). Cada sociedad tiene sus propias características y sin embargo la dinámica entre sus actores como la clase política, los grupos de interés y los ciudadanos, gravita alrededor del momento histórico y del papel que el Estado juega entre esos actores.

Durante la época de la Guerra Fría la participación de la ciudadanía fue controlada y también brutalmente reprimida por el juego bipolar de dos potencias hegemónicas. Posterior a eso, simbólicamente expresado con la “caída del muro” los partidos políticos jugaron un papel importante en configurar el rumbo de las políticas públicas y entonces el ciudadano se convertía nuevamente en un actor pasivo, limitado a ejercer su derecho electoral, en formas de gobierno y listas preestablecidas por partidos políticos y grupos dominantes. Así se dieron algunos avances, pero gradualmente fueron apareciendo las grietas, provocadas por la corrupción y ahondadas por la pobreza, la carencia de oportunidades y el desempleo. La brecha social fue ensanchándose gradualmente.

Se ha llegado a otra etapa en donde el desencanto, la frustración y la indignación ciudadanas han dado paso a la escogencia de formas autoritarias y personalistas de liderazgo, en quienes se deposita la voluntad de las mayorías, pero donde de nuevo la ciudadanía carece de la voluntad y la determinación para convertirse de forma consciente en protagonista de su propio destino.. Los pueblos que han optado por ceder su suerte a un liderazgo fuerte; carismático o no, y a la concentración del poder, terminan siendo esclavos de esas decisiones y condenados a cercenar todas sus esperanzas por alcanzar un destino mejor. Los síntomas están a la vista: mayor violencia, crecimiento desbordado de las migraciones, deterioro en la capacidad del Estado para resolver las grandes contradicciones sociales, son la clara evidencia de cuanto está ocurriendo. Estos liderazgos populistas y autoritarios, fundamentan su control dividiendo prácticamente a la sociedad en dos polos opuestos (elites corruptas, lo cual incluye a cuanto se opone a la figura autoritaria, versus el pueblo) y su urgencia es la polarización, atizar el descontento, deslegitimar la institucionalidad y evitar toda conciliación social posible, que les permita usufructuar de la división social. Procuran construir una identidad política que les nutra de poder, el cual se hace insaciable, tal y como se da hoy día en muchos sitios del mundo.

Se vislumbra en el horizonte el ocaso de la democracia representativa, esa que también sustenta la enajenación política, para dar paso a una democracia participativa; más que necesaria indispensable. Es por ello, a la luz de esas contradicciones necesarias vividas y experimentadas por la ciudadanía, que es urgente el espacio para la aceptación de la pluralidad del pensamiento, el cual posibilite la construcción de una cultura dialógica y participativa por parte de las personas. El sistema político demanda ser revitalizado y aunque falta tiempo para salir del “oscurantismo democrático” que reviste la actual fase; también en Costa Rica, se hace indispensable profundizar en la discusión nacional sobre lo que está ocurriendo para ahondar en el cambio. Ello sin dejar de lado el análisis responsable del acontecer internacional y de las macro variables cuya dinámica incide en todos los procesos políticos. La participación responsable e instruida, habrá de traer esperanza real a las grandes mayorías, sí se hace entonces mediante la construcción de ese diálogo, así como de los acuerdos responsables para el logro colectivo. Este es el salto indispensable.

 

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