En el entorno complejo e incierto en que vivimos, mucho de lo que se escucha es la queja, el lamento, la decepción. La ciudadanía pasó a una etapa quejumbrosa y lamentable; con fundamento casi siempre, y por cuanto al volver la vista atrás se percata de una Costa Rica pasada que poco a poco va desvaneciéndose en las entrañas de una tenebrosa gobernanza. Con impotencia implora por un cambio y procura ver sí hay líderes políticos o de alguien que  pueda venir a salvar al país y a mitigar sus congojas. Eso podría suceder milagrosamente y sin embargo esa alternativa es tan fantástica como absurda

Cierto también que una parte importante de la población, se encuentra en la lucha cotidiana por la supervivencia y su energía posiblemente no da para más. Otro sector conformado por jóvenes quienes han caído en el desierto del abandono y la desesperanza, optan por las peligrosas ofertas del medio fácil que al menos les permite vivir el momento y el hoy, pero con absoluta desatención del mañana. Organizaciones inescrupulosas conformadas por androides, carentes de todo valor humano, incitan a muchos de estos muchachos de barrios marginales y excluidos de atención humanizada, a formar parte de ese ejército invisible de delincuentes y homicidas, el cual gradualmente va creciendo ante la angustiante mirada de los vecinos en sus comunidades.

Lo que el momento requiere sin embargo no sólo es mayor educación, mejores valores, formación humanista y orientación, sino la acción de los ciudadanos conscientes; esos mismos quienes hoy posiblemente ven derrumbarse todo a su alrededor, sin parecer reaccionar ante las circunstancias incubadas por las condiciones del medio. Apenas sin embargo hay tiempo de reaccionar y de asumir liderazgo. Puede hacerlo ahí donde se encuentre, para aportar con su conocimiento y experiencia, pero asumiendo un comportamiento y ejemplo personal, aunque también político, ante los preocupantes acontecimientos; esos que Ud. hoy simplemente ve pasar, como si se tratase de lanzar la mirada a un tren en marcha.

Un importante sector de la población está convencido de que una revitalización del sistema democrático, no sólo es indispensable sino además lo único que nos puede posibilitar enderezar el equivocado rumbo tomado por los administradores temporales del poder. Esa exigencia debe ir acompañada de compromiso y de acción; también de estrategia y de un plan concertado, entre los distintos sectores de esa ciudadanía consciente. Se requiere además de la incorporación individual en espacios colectivos, o en plataformas ciudadanas, donde la organización tenga propósito y gente dispuesta a forjar una nueva senda en medio del bosque denso, simbolizado por una sociedad agobiada, confusa y además violenta.

El mensaje es claro: basta ya de quejas y lamentaciones, corresponde asumir como personas conscientes, ante la incertidumbre y la complejidad del entorno: es la única forma de cumplir con los deberes ciudadanos. Reconozcamos que la militancia organizativa y política, independiente de cual sea el ideario que nos guié, es un requisito fundamental para esa responsabilidad inevitable e indispensable en procurar el rumbo de la patria. Equivocados o no, es sólo el fruto de esa dialéctica entre pensamiento y acción, lo que facilita la natural metamorfosis hacia la civilidad y la paz.

Lo único absurdo hoy en día, es perder el tiempo en vagas deliberaciones, porque así como el agua este escurre en silencio y se marcha para siempre mientras deliberamos en necedades. Construir seguirá siendo siempre mucho más difícil que destruir, porque esto es siempre obra fácil. Son momentos determinantes para el compromiso y la conciencia solidaria. A fin de cuentas se trata de nuestro futuro, y al de todos quienes a mí, se encuentren ligados.

Por Redacción

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