Editorial: La Tierra Prometida

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El éxodo masivo de migrantes en procura de un mejor mañana, evoca la búsqueda del pueblo judío tras la Tierra Prometida: hombres, mujeres, mayores, niños, que tras dejar lo poco o nada que poseían se ponen en marcha tras un sueño, sin importar el peso, el sufrimiento, o el dolor. El caso centroamericano no es sino una nueva replica de lo que ya es frecuente en diversas  partes del mundo. Aferrados al último reducto de esperanza van en pos de la tierra que aliviará todo sufrimiento.

Es el nuevo retrato de la época, el cual revela varias cosas:

La primera es la desesperanza en el rostro humano, desesperanza que es vulnerable a la manipulación que promete un mundo mejor y ese mundo, en la lógica capitalista, siempre estará en algún Norte.

La segunda es el fracaso de las organizaciones políticas y de los gobiernos desacreditados y corruptos cuyo discurso ante sus gentes  es cada vez más vacío. Al haberse perdido el valor de la palabra, nada queda mas por escuchar.

La tercera es la inseguridad y el miedo que implica la violencia cotidiana sin un mañana posible a familias completas en las paupérrimas barriadas de  las naciones más empobrecidas.

La cuarta es la tiranía y la represión que limita los derechos y las libertades más elementales, un modelo que se sigue repitiendo tanto hacia la izquierda como hacia la derecha, con el surgimiento de líderes mesiánicos tipo Bolsonaro que promete la irracionalidad para acabar con cualquier rastro de racionalidad y que le votan más de cincuenta millones de seres humanos. Ni que hablar de Donald Trump o bien de Nicolás Maduro y por acá no tan lejos Daniel Ortega.

Hoy en día la Tierra Prometida entonces, no es sino una tierra llena de incertidumbre para quienes en realidad nada tienen que perder, porque cualquier conquista por diminuta que sea es mejor a lo que no se tiene.

En este extraordinario comportamiento del mundo contemporáneo donde mercancías y servicios pueden circular libremente, más no así las personas que los generan, hace que ese sea el más irracional de los postulados de eso que se ha dado en llamar globalización.

El Siglo XXI se ha convertido en el momento más dramático de la Historia al conjuntar fenómenos tales como las migraciones masivas, el cambio climático, y la revolución científica y tecnológica más profunda que haya presenciado la humanidad. Para esto no hay salida ni mágicas soluciones, para ello tendría que volver la racionalidad y el sentido común a ocupar un espacio importante en el concierto de las naciones. Será eso posible?

A fin de cuentas lo cierto es que la energía que mueve a esas masas desesperadas en busca de un oasis aunque sea diminuto, puede a fin de cuentas dar nuevas luces a la humanidad. Esa es también la esperanza no solo para ellos, sino también para el resto por cuanto al alcanzar el punto de inflexión, siempre se abre el espacio para una oportunidad distinta y aunque eso está por verse, de eso también se nutre la esperanza.

 

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