Editorial: Lidiar con este futuro que nos llegó de repente

El futuro llegó  en silencio  y nos encontró dormidos.

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Despertamos en medio de un mal sueño y nos hallamos ante una realidad nueva, distinta, única. Nos hemos tenido que alejar de los espacios de trabajo, de la gente, de los amigos, de los sitios que frecuentábamos y hasta hemos debido renunciar a las pequeñas rutinas de la vida cotidiana. Hemos abandonado los parques y nos hemos consumido en  las pantallas del ordenador, para enterarnos, comunicarnos, vernos y expresarnos.

Los colores artificiales de la tv y computadoras, esos que detestaba Ernesto Sábato, sustituyen los hermosos tonos de la realidad circundante, de las casas viejas, de los jardines, de los árboles y del bosque.  Los cafés y las tertulias con los viejos amigos van quedando atrás, mientras lo virtual ha venido gradualmente a desplazar toda relación directa. Ya es hora quizás de aceptar que nos encontrarnos en una dimensión diferente del vivir.

Andamos como autómatas por las calles, tomando distancia prudente de la otredad. Cuando salimos llevamos mascarillas y caretas, semejando ser actores protagonistas de una película extraña. Encontrarse implica ahora recurrir a una serie de rutinas tan absurdas como necesarias, para evitar el contacto. El miedo a una nueva ola de la pandemia, o la posibilidad de que continúe ésta y venga otra, anda por ahí; paseando por la mente, agudizando temores, azuzando el miedo sobre la muerte propia o la de seres queridos. Temores estos que se juntan a tantos otros del Hoy.

La situación económica del país hace ya agua por todos lados, evidenciando no sólo la precariedad de las finanzas públicas, a las que se ha hecho necio caso, sino además por el creciente desempleo y la pobreza, al tiempo que la inequidad ensancha su brecha.  El Estado que conocimos, va naufragando con el tesoro de las preciadas conquistas sociales.  Ahora, todas esas añejas profecías sobre un caos global y su apocalipsis, lucen cada vez más ciertas y asoman al horizonte. Andamos de acá para allá en procura de soluciones esperanzadoras, de varitas mágicas, y hasta de un nuevo Merlín.

Buscamos a un líder, o a un partido; algo o alguien, quien haciendo uso de nueva  alquimia, sea guía o brinde respuesta para atender esta desazón, provocadas por  el desencanto y la  incertidumbre.  Y es este sin embargo el momento, en que se presenta la oportunidad del despertar individual, de la actitud consciente y activa,  de la solidaridad y  la compasión ocultas para asumir el cambio imperativo.

Nos encontramos ante la responsabilidad de comprender mejor, de descifrar las señales del entorno y de utilizar para bien todo el instrumental científico y tecnológico a nuestro haber. Urge reivindicarse  a través del  espíritu remozado, la actitud valiente y necesaria, para retomar el camino con la destreza requerida.  Ya no es posible volver la vista atrás, ni jugar al avestruz o lamentarse por lo que ya no fue.

Es momento de comprender que cada quien, en este futuro, debe tomar las riendas de su propio destino, construir una nueva causa colectiva, escribir una nueva narrativa, y enderezar su propio rumbo, sin falsas expectativas, ni esperanzas enemigas.

El futuro llegó  en silencio  y nos encontró dormidos. Debemos asumirlo sin majaderías ni pequeñeces para poder realmente incidir junto a otros.  El reto demanda audacia, amor, coraje, sensatez y sobretodo responsabilidad individual y colectiva por la verdad; valores que habíamos abandonado en el camino, los cuales juzgábamos innecesario de cargar en la mochila, mientras subíamos la cuesta del momento que entonces ya juzgábamos pesada. Ahora los necesitamos.

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