Lo bueno es que en Costa Rica hay una fuerte institucionalidad, construida sobre bases muy sólidas, hechas con perdigón de sudor, lágrimas y también sangre de nuestros antepasados, y hay aun suficientes costarricenses honestos y dignos: hombres y mujeres que reconociendo los defectos y las imperfecciones de una democracia, está dispuesta primero a defenderla y responsablemente a luchar por mejorarla. Lo bueno es la convicción y el propósito sobre todo de los mayores, para que las nuevas generaciones puedan contar con educación de calidad, empleo digno y espacios de oportunidad ciudadana, en retribución al legado recibido, de modo que puedan seguir superándose, sintiéndose orgullosos de vivir bajo este cielo patrio.

Asimismo lo bueno, es que existe la conciencia y el valor necesarios de una cantidad suficiente de personas de buena fe y sólidos principios, dedicadas a la defensa urgente del ambiente y a la protección de los derechos humanos; gente con capacidad suficiente para revertir mediante una ciudadanía responsable y activa, el odioso flagelo de la violencia contra las mujeres, así como contra las minorías y los sectores socialmente más vulnerables.

Lo malo es que ha caído una plaga con ropaje autoritario y de rostro muy personalista, que utiliza la mentira, el engaño y la distracción para dividir, para polarizar y sobre todo para procurar asentarse en el poder mediante el lenguaje de odio acompañado de una retórica estruendosa y vacía a la vez. Personajes que llegando al poder por la vía democrática, procuran hoy minarla y destruirla. Acuden para tratar de lograr su objetivo a una minoría de mercenarios y mercaderes de la política, financiados por extraños intereses, para afincar así la “dictadura perfecta” con la que ellos si sueñan. Se han metido en las autopistas de las redes sociales a echar veneno y dan discursos engañosos a las gentes de diferentes comunidades, instalando de paso una narrativa cargada de animosidad. Una característica sin embargo prevalece, dar la espalda a tanto como carente las necesidades reales y estructurales que experimenta la sociedad costarricense. Mentir, mentir, mentir parece ser la consigna y sin deseo alguno de sanar y nutrir el espíritu nacional con nobleza, para edificar que es la mayor urgencia de nuestra pequeña aldea.

A sabiendas de las aflicciones de un pueblo, lo malo es asimismo, que mediante su comportamiento nefasto; hay quienes desde el poder formal, prefieren usar el resentimiento y el desencanto, con el fin de ahondar heridas y actuar como el gusano barrenador, sólo que carcomiendo el corazón y la buena fe de los incautos.

Lo más malo es que pretenden quedarse en el poder a costa de lo que sea y cómo sea…hasta se inventaron una consulta popular, utilizando la herramienta noble del referendo ciudadano, para tratar de manipularla a su antojo y haber, violando preceptos constitucionales. De esta manera han puesto también a prueba al Poder Legislativo y al Judicial, pero también al Tribunal Supremo de Elecciones.

Lo feo es que hay un sector de la ciudadanía que es pasiva, que aplaude porque le hace gracia lo que está ocurriendo, o que es temerosa, va y terreno porque es incapaz de reaccionar con prontitud, y por su incapacidad de asumir responsablemente y con visión, la parte de la acción que le corresponde, para evitar entonces que Costa Rica vaya en rumbo hacia el despeñadero, tal y como algunos lo desean para su estricto beneficio. Lo feo es que la ignorancia, y peor aún la mala fe pueda avanzar en el fértil terreno de los pusilánimes. Lo feo es no querer abrir los ojos para darse cuenta del acontecer y no tratar de impedir que avancen esas fuerzas sin duda destructivas.

Por eso precisamente es que ante lo bueno, lo malo y lo feo, también surja lo indispensable, lo cual consiste en reforzar los valores éticos y morales que otrora distinguieran a la ciudadanía costarricense. Lo indispensable es reconocer que en el deterioro del sistema democrático y en el desencanto hay una veta de oportunidad para forjar y construir una nueva sociedad. Lo indispensable es promover la discusión que posibilite un fortalecimiento de la educación cívica y ciudadana lo cual permita construir el país que anhelamos, convencidos de que no se trata de una utopía sino de una real posibilidad de ser mejores. Lo indispensable es sumar y articular los mejores esfuerzos de quienes tenemos la esperanza de salir de esta pesadilla, como todo temporal, y dejar atrás esto que estamos experimentando con cierto sufrimiento.

Es por ello que nunca fue tan cierto aquel decir de Bertold Brecht, tomado en sentido genérico… «Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles»

Lo indispensable en este caso es, que las personas conscientes y honestas haciendo uso de su ciudadanía responsable y activa puedan convertirse en los imprescindibles a los que alude Brecht, en momentos en que las circunstancias de la patria les llama. Nadie absolutamente nadie convencido de que la democracia debe ser defendida, puede ser indiferente a la oportunidad de ser imprescindible, y luchar por lo tanto, desde su propia trinchera, contra las absurdas pretensiones autoritarias y personalistas en Costa Rica, que pretenden instalarse de forma permanente en el poder, como ya sucede en el norte de nuestras fronteras y en otros países del mundo.