Editorial: Lo intrascendente versus lo trascendente (podcast)

¿Estaremos dispuestos a asumir también una participación proactiva y política con visión nacional, para exigir un cambio de rumbo ante tanto disparate?

Pareciera que el arte de gobernar se ha focalizado en estos tiempos en la necesidad de subrayar lo adjetivo e intrascendente como prioritario y en subir el volumen, junto al despotricar más que en la calidad de los actos. Intrascendente porque temas sustantivos como la seguridad ciudadana y la educación, así como la seguridad social o el desempleo; se ven relegados por otros aspectos; que sin dejar de importar, se ven disminuidos en su valor ante aquellos que afligen realmente el cuerpo y el alma ciudadana.

Lo otro es que las autoridades de gobierno, incluido por supuesto su Director, no han podido todavía sintonizar en una sinfonía apropiada, dado que sus componentes desafinan al tocar los instrumentos a su cargo, y al parecer algunos de ellos en puestos estratégicos de la orquesta, carecen del conocimiento necesario, para leer las notas que les permitirían entonar. Así de simple parece ser la realidad de la actual gobernanza. Los problemas del sistema político son por supuesto harto complejos y la situación de vulnerabilidad de la democracia es innegable. De aquí radica la importancia del buen gobierno, y sin embargo a juzgar por el rumbo que llevamos, esta ruta sólo puede conducir a un callejón sin salida y alejarnos cada vez más de la atención a esos problemas estructurales que afligen a los costarricenses.

La inevitable pregunta de fondo es entonces porqué la obsesión del Presidente y por consecuencia de su equipo por desenfocarse de lo sustantivo, por qué insistir en la confrontación y la polarización social en la forma reiterada en que lo hacen. Por ahora reina el afán por lo intrascendente, dicho de la manera que ha de verse. La ciudadanía no es merecedora, a excepción de los fieles seguidores del Presidente, de la forma de gobernar de la actual administración, cuyo objetivo primario pareciera ser complicar las cosas antes que resolverlas y más aún echarle a todo el mundo las culpas “por complicarlas”, vaya paradoja. A ver quien entiende este proceder?

Queda aún tiempo a la actual administración. De hecho estamos casi a la mitad del camino. El entorno internacional luce cada vez más complicado, también en las Américas y de ahí que la esperanza es que la sociedad democrática pueda tener la capacidad para reaccionar, y en ella Costa Rica siempre ha jugado un papel relevante en el concierto de las naciones, pero siempre respetada, aun reconociendo el franco retroceso en que se encuentra desde hace varios años. Es el caso de los temas a los que hemos aludido anteriormente.

El tiempo que queda debiera ser entonces bien aprovechado, pero de seguir por el camino en que insiste don Don Rodrigo Chaves prácticamente desde que asumió, entonces será cada vez más distante la posibilidad de salir adelante. El propósito y las buenas intenciones se estrella contra los medios y las formas escogidas para salir adelante. El daño hasta ahora ha sido incalculable y no se vislumbra interés por rectificar. Sólo un milagro podría acontecer y eso significa antes que nada tener la humildad de reconocer los yerros, de procurar la manera de generar acuerdos con otros actores; tanto públicos como privados y de focalizar la atención en los asuntos prioritarios que hoy atentan contra el bienestar general. Sí eso va a ocurrir es difícil de saberlo, pero sí es indispensable que al menos la ciudadanía lo tenga claro. A fin de cuentas la estresante situación de la sociedad costarricense, no deja de ser el reflejo de la praxis de la gobernanza de la actual administración.

¿Será que la mayoría de los costarricenses llegará a entender realmente lo que está sucediendo? ¿Estaremos dispuestos a asumir también una participación proactiva y política con visión nacional, para exigir un cambio de rumbo ante tanto disparate?

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