Editorial: Los Ortega Murillo y el rostro de la dictadura (incluye podcast)

De nuevo corren vientos dictatoriales y tiránicos; ahora de corte populista, en América Latina y también en Centroamérica. Los costarricenses debemos  estar atentos y asumir vigilancia y eventualmente; sin ambages, la solidaridad necesaria, ante los atropellos del régimen Ortega-Murillo, que también a nosotros nos afecta y amenaza.

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Lo que está experimentando nuevamente Nicaragua, a unos meses de las elecciones a realizarse el 7 de Noviembre, es vergonzoso y criminal. Lo es, porque los hechos evidencian que se han venido cercenando vidas así como se limitan las libertades de los opositores al régimen despótico de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. Esto es  dolorosamente, una repetición de hechos históricos del pasado en ese país y que evocan sin lugar a duda, la tiranía de los Somoza.

Los medios de comunicación, los periodistas y las organizaciones no gubernamentales están viviendo una verdadera pesadilla, por la lógica de quienes se aferran al poder, y porque cada vez que el régimen dictatorial, encuentra un opositor a sus pretensiones, se inventa una ley  o bien normas que atentan con las libertades y los Derechos  Humanos.

Los niveles de acoso y de terror por parte de las fuerzas leales a Ortega Murillo, así como de las turbas manipuladas por el régimen son desbordantes. El  cinismo y la  represión campean por toda Nicaragua. Asimismo, el asedio que sufren los periodistas en defensa de la libre expresión y los ciudadanos conscientes, es realmente deleznable. Se trata a fin de cuentas, de una repetición de los acontecimientos que dieron origen al período más sangriento del Siglo XX en Nicaragua.  Es por ello que la solidaridad no puede hacerse esperar, y debe ser ejercitada en favor de los derechos más elementales y de la liberación de los presos políticos del régimen.

El descrito a grandes trazos, es un capítulo  que el pueblo costarricense ya ha vivido y hoy  vuelve a repetir. Las manifestaciones de solidaridad del pasado no tardarán en algún momento en replicarse entre los sectores más conscientes de nuestro país. Es inevitable. No sorprende que cientos de nicaragüenses, estudiantes y profesionales, hayan decidido optar por el exilio voluntario, sin que ello signifique renunciar a su lucha.  No hay duda tampoco, que a lo largo de los años hay entre ticos y nicas, una relación simbiótica que no siempre es grata.

En Costa Rica, nuestra cultura y nuestra economía sin embargo, se han visto enriquecidas con la presencia y acción de miles de nicaragüenses en nuestro territorio a lo largo de las décadas. Es el caso de la agricultura, de la industria de la construcción, o la seguridad, así como otra serie de servicios, a los cuales gradualmente han renunciado  los costarricenses, encontrando en los nicaragüenses sus aliados.

De la estabilidad de Nicaragua y de la región también depende nuestra propia paz y tranquilidad. Esto nos remonta al último periodo significativo de la historia, coincidente con la Administración de Óscar Arias y su Plan de Paz para Centroamérica. Evitar la guerra en ese momento, a pesar de las presiones de la Administración Reagan, y las facilidades concedidas a sectores guerreristas, posibilitó una  “pax migratoria” que de no haberse dado, hubiera sido catastrófica para el país, y para miles de centroamericanos.

De nuevo corren vientos dictatoriales y tiránicos; ahora de corte populista, en América Latina y también en Centroamérica. Los costarricenses debemos  estar atentos y asumir vigilancia y eventualmente; sin ambages, la solidaridad necesaria, ante los atropellos del régimen Ortega-Murillo, que también a nosotros nos afecta y amenaza.

 

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