Editorial: Luz larga vs luz corta

Los temas sustantivos esperan. La urgente visión de Estado con sentido humano y social,  es imperativa. Urge esa  actitud honesta, decidida de cuántos deben tomar decisiones. Ello constituye la levadura moral necesaria para el cambio

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Sí algo hace falta en el país es la urgencia de despertar del letargo en la que se encuentra, ese comportamiento similar al de un bovino al mirar pasar el tren.  Lo inmediato y adjetivo opaca lo sustantivo y estructural y hay entonces un peligroso estancamiento. La reactivación económica es una tarea pendiente y no se ven señales positivas. Apelar a los eurobonos para asumir que a partir de ahí se avanza puede ser muy comprometedor. Además,  la institucionalidad se ha vuelto entrópica y los intereses de los empleados públicos se convierten en el propósito institucional, dándose un secuestro de la finalidad en detrimento del bienestar general. Claro que ese no es el único comportamiento anómalo, por cuanto burlar la forma de pagar impuestos o eludirlos en procura de beneficios particulares es la otra cara de la moneda.

Los pequeños escándalos políticos están a la orden del día y son pequeños por cuanto sirven como distractores a los grandes temas nacionales, a la visión de Estado a las políticas integrales que pueden sacar a Costa Rica de esta inmensa maraña.

Habernos alejado unos pasos del risco, como se señaló hace unas semanas, no significa que no estemos muy pronto en las mismas y de nuevo en el borde, porque las decisiones que el país requiere han de ser valientes y sostenidas, pensando en el futuro y en el bienestar de las nuevas generaciones. Corresponde a las presentes  hacer la cuota necesaria de sacrificio que permita a las nuevas no sufrir tanto. Debe tenerse presente que un importante sector de la población no la está pasando bien; la pobreza se ha incrementado, hay un deterioro en la calidad de vida y quienes más sufren son menores, adultos mayores y jefas de hogar. Sobre ellos cae un terrible peso a raíz de la situación que el país experimenta de forma gradual pero sostenida, dolorosa.

Luz larga significa por tanto, la exigencia de tener visión, la exigencia de una política colaborativa por parte de las fuerzas partidarias aglutinadas en el Congreso, para sacar como decía don Pepe, la carreta fuera del lodazal para que pueda seguir sonando sobre el camino empedrado, pero hacia adelante.

Hay un síntoma positivo, hay conjunción de voluntades, aunque igualmente nubarrones en el horizonte. Ya los sindicatos de educadores amenazan con más de lo mismo: inmovilizar los centros educativos; el arma más peligrosa a esgrimir,  por cuanto es la que expande la ignorancia y la imbecilidad.  Pero no sólo eso, hay que recordar  además, que hoy en día muchos niños y niñas antes que educarse necesitan primero alimentarse en los comedores escolares, porque sólo ahí pueden en realidad hacerlo.

Luz larga necesitan los educadores, los líderes de los partidos, los dirigentes gremiales en general del sector público o del sector privado. El Poder Ejecutivo necesita asumir la responsabilidad de conjuntar esfuerzos y proponer direccionalidad. No hay otro camino ni otra opción. Los temas sustantivos esperan. La urgente visión de Estado con sentido humano y social,  es imperativa. Urge esa  actitud honesta, decidida de cuántos deben tomar decisiones. Ello constituye la levadura moral necesaria para el cambio.

Todavía, aunque el tiempo apremia, el país puede avanzar al compás de los tiempos. No hay espera.

 

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