Algo que a todas las luces parece evidente, es que la Presidencia de la República procura incidir con sus votos y todo medio a su haber para lograr que el nuevo Directorio Legislativo sea afín a sus intereses. El actual Presidente de la Asamblea Legislativa, Rodrigo Arias, ha insistido en su agenda la defensa de la institucionalidad, la sana división de poderes y la importancia de los pesos y contrapesos en la gestión pública del Estado. No obstante ya lo cierto es que inevitablemente se encuentra en el aire, el aroma de un proceso electoral que se avecina al empezar el tercer año de Gobierno, lo cual significa diversos aspirantes y muchos intereses inmediatos.

Lo cierto del caso, es que contar con una oposición más firme y articulada es una de las principales inquietudes de los distintos grupos de oposición presentes en el Congreso, para lo que es válido por supuesto explorar otras posibilidades. La cuestión es sin embargo, evitar que se de un “toma y daca” en términos de puestos y apoyos a determinadas iniciativas, las cuales pueden resultar muy perjudiciales al país y por consecuencia a los costarricenses.

Al asomar temas como la eventual venta del Banco de Costa Rica; asunto de turno y de elevado interés para el Gobierno de la República, hace evidente las contradicciones existentes en el seno de la Asamblea Legislativa en torno a áreas políticas muy sensibles. Tal parece que la zanahoria es la principal silla del directorio legislativo, teniendo como condición; entre otras, la venta del BCR y que quienes aspiren a contar con los votos del oficialismo, deben además matricularse con esa iniciativa. Otra moneda de cambio resultan ser los recursos (US$700 millones) dedicados a atender una serie de emergencias en materia de infraestructura, y aunque hay claras reglas del juego sobre el manejo de estos dineros, se procura engolosinar con ellos, a legisladores con posiciones localistas muy fuertes. Eso con la peregrina idea, de que pueden disponer de esos recursos para sus propios proyectos comunales.

Las distintas fracciones partidarias de momento parecen estar (casi todas) divididas hacia lo interno, por lo que materializar una sólida candidatura para el Directorio Legislativo no es una tarea tan sencilla. Lo cierto es que este tercer año es crucial y que el control del parlamento a esta altura de la administración, puede resultar crucialmente estratégico para los diversos partidos que aspiran al poder en el año 2026. Habrá que ver cómo se acomoda el mosaico de los intereses partidarios en las distintas fracciones: tarea que no luce del todo sencilla.

El gobierno parece venir mermando el ímpetu con que inició durante el inicio de esta Administración, pero tiene aún mucha capacidad de maniobra para consolidar posiciones con miras al año electoral en el 2025. Así que el 1 de Mayo es un indicador muy positivo de la forma en que la dinámica del proceso se manifieste con rumbo al nuevo momento electoral. Muchas cosas están aún por verse y esta elección luce crucial para el país. Las distintas fuerzas están en la obligación de estudiar detenidamente el contexto para evitar cometer errores de bulto, y las posibilidades ahora no son tan halagüeñas. No hacerlo lleva a errores graves.

Los señores y señoras diputadas tienen por eso, una gran responsabilidad histórica para enderezar el equivocado rumbo que se ha tomado en Costa Rica. Esperamos que así realmente sea. La agenda legislativa debe obedecer a un claro propósito país y evitar contubernios estimulados tan sólo en el “poder por el poder”. Los ojos deben mantenerse muy abiertos, y emulando a Gloria Navas, nos atrevemos a decir, que el interés país y la defensa institucional deben prevalecer sobre cualesquiera otra agenda. Sin duda ella y el actual Presidente del Congreso, tienen razón.

 

Por Redacción

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