Editorial: Mayéutica en confinamiento o divagaciones metafísicas sobre el problema…

Hay mucho que aprender aún y no hemos sabido siquiera discernir sobre lo más elemental que nos afecta. Tal vez este es el problema.

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Un viejo profesor de filosofía decía a sus alumnos que el problema que estaban viendo sobre cualquier cosa, nunca era en realidad el problema. Siguiendo su lógica hoy en día, alguien hubiera dicho que hoy el problema que estamos experimentando es que hay un enemigo invisible que nos ataca. Alguien agregaría que el problema en realidad es que somos irresponsables  y no seguimos medidas higiénicas en atención de la salud. El profesor provocaría diciendo sí el problema no es acaso que los conglomerados humanos son ideales para transmitir virus y toda clase de enfermedades, y por tanto ese tal vez ese sea.  Y de seguido otra persona diría que el problema es que algunos se están aprovechando para coartarnos la libertad y controlarnos de algún modo. A eso  entonces el profesor habría de indicar si la cuestión no es más bien  que hay dictadores y populistas que se desean aprovechar para quedarse en el poder, y que ese es tal vez el  problema. Alguien más se preguntaría sí el problema no es más bien que “chinos y gringos” están en una competencia por controlar el mundo. Otro agregará a eso, que el problema es la urgencia de los chinos de quebrar el sistema capitalista, crear un modelo propio y de paso aniquilar a un sector de la población que bajo esa concepción, deja de ser productivo. Uno más dirá que el problema es que los “gringos” quieren culpar de todo a los chinos y que más bien exportaron el virus, culpando a los chinos  para dejar que estos sean la competencia poderosa que emerge en el mundo.  Otro estudioso  dirá que el problema es la experimentación humana en los laboratorios, producto de eventuales y ya programadas guerras biológicas.  De nuevo el profesor cuestionará sí el problema no es como lo sugiere la antropóloga Jane Goodall, el tipo de alimentación carnívora por parte de los humanos,  de las más diversas especies animales. Hemos manipulado tanto la vida animal, que ella cobra factura. El profesor agregaría y diría, o bien  que el problema podría ser entonces la especie humana, y su comportamiento con las demás especies. No faltará alguien que diga que todos están equivocados, que somos ciegos de no ver que los extra-terrestres, de una inteligencia superior son los que trajeron esto para que los seres humanos se maten los unos a los otros y conquistar fácilmente el planeta. Otro dirá sin embargo que no es así, que el problema es que no hay conciencia y que ésta es una prueba que Dios ha puesto en nuestro camino. El profesor agregaría sí el problema no es más bien la venganza de la Madre Naturaleza contra la especie humana, que procura restablecer el equilibrio, mientras otro, impaciente, dirá que el verdadero problema es la irresponsabilidad y la conciencia humana extraviada de su propósito.

La discusión en nuestro caso posiblemente pueda seguir cuando alguien dirá que el verdadero problema “es la economía estúpido” o que alguien diga “No”, el problema es de salud pública y esa debe ser la prioridad. No faltará quien agregue que en realidad, como  sucede en Estados Unidos, el problema es el cálculo político sobre las próximas elecciones y que  todo lo demás es accesorio…o quizás, alguien más sugiera, que el problema en realidad es la falta de autoridad, como lo es tal vez para otros la ausencia de libertad.

La cuestión es que la discusión sobre el problema puede continuar a niveles insospechados y el viejo profesor de filosofía le dirá a la gente, como a su clase, que a lo mejor el problema se compone de muchísimas de las cosas que hemos dicho, pero que no tendremos nunca la capacidad de ponernos de acuerdo sobre realmente cuál es el principal problema que hoy estamos enfrentando. Acá, diría el profesor, quizás lo importante podría ser la lección que podemos extraer como personas en esta etapa de inobjetable incertidumbre para la especie humana. Nos hará esta experiencia cruel ser mejores habitantes del planeta hacia el futuro, o más bien aceleraremos nuestra destrucción?  El profesor sostendrá que lo importante son las enseñanzas que la humanidad, la cual termina aprendiendo mucho más, enfrentando un “problema” de esta magnitud y dimensiones.

Un exalumno de este profesor recordaba que en una de las clases  muchos estudiantes al final confusos y enojados, de lo que creían era un juego con la inteligencia de la clase, donde además cada quien se aferraba de alguna manera a su óptica del problema y desdeñaba la opinión y el criterio de los otros. Alguno se atrevió a decir que el problema en realidad era que el profesor quería dejar como estúpidos a los alumnos y le divertía ponerlos a pelear. Los más serios e introvertidos se mostraban profundamente sorprendidos por tal reacción en los demás.

De forma similar nos comportamos todos. Así las cosas, cómo atender entonces con una estrategia, cuando se desconoce la verdadera naturaleza del problema, es decir si este es lo que se ve o más bien si es lo que no se ve. Esto es ciertamente un gran acertijo. Por qué será  tan difícil que nos pongamos de acuerdo sobre las cosas más elementales para poder avanzar sobre ellas? Hoy ciertamente la confusión y la incertidumbre son descomunales y nuestra vida cotidiana, incluso en confinamiento, oscila entre cualquier cantidad de teorías, miedos, temores, especulaciones y vacíos en torno a la cuestión del Covid-19

Un problema tiene ciertamente muchas aristas, y cada quien la verá desde el punto de vista de sus propia forma de ver el mundo, o de sus prejuicios o bien de sus intereses. La especie humana es en todo caso muy enredada y sí no se aprende a definir ciertamente el problema o a resolver en colectividad, de seguro la Naturaleza se encargará de resolver como lo hace, siguiendo sus propias leyes, a su manera. Además es como siempre lo ha hecho.

La humanidad es en todo caso recién llegada con sus escasos 6 millones de años, poco más poco menos, sobre  la faz de la Tierra, lo cual parece ser tiempo insuficiente para ponernos de acuerdo y trabajar sobre premisas comunes y derroteros convergentes. Hay mucho que aprender aún y no hemos sabido siquiera discernir sobre lo más elemental que nos afecta. Tal vez este es el problema.

 

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