Editorial:  Mundos paralelos del Siglo XXI

Colapsaron las ideologías y de nuevo se levantaron muros. El planeta comienza agonizar mientras los mas grandes imbéciles se sienten autorizados y empoderados a continuar la destrucción del hogar común.

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Los  jóvenes reclaman el planeta que les destruimos. Los viejos la incertidumbre de un final con dignidad.

Colapsaron las ideologías y de nuevo se levantaron muros. El planeta comienza agonizar mientras los mas grandes imbéciles se sienten autorizados y empoderados a continuar la destrucción del hogar común.

Tantas contradicciones en una simple gota azul, en la perla suspendida, en la partícula viva. Millones mueren en pobreza mientras otros derrochan opulencia a raudales. Otros rezan esperando milagros que tardan en llegar…hasta lo hacen de buena fe.

En el Ártico colapsan los gigantescos monumentos milenarios retumbando en aguas que se levantan en protesta y muchos siembran árboles porque es su forma de rebelarse contra lo absurdo. En el Norte otro idiotas juegan a la guerra, o de que tal vez sí tal vez no, sólo para alimentar ansias y temores. Horribles delirios de grandeza que arrastran o arrastraran a millones.

No es cuestión ya de tiempo sino de honestidad y acción.

 

 

 

 

Ha llegado el momento de practicar la porofobia. Bienvenida los extranjeros ricos afuera los extranjeros pobres. Los imbéciles también ya se hacen en Marte porque ahí nadie ha puesto una bandera. Creen que sacaran agua de sus tormentas de arena. Otros sueñan al viejo imperio y están dispuestos a arrastrar los anhelos de los que vienen.

Se ha perdido la brújula, no hay narrativa para la especie solo impulsos y  emociones. Y la esperanza ¿qué se hizo?  ¿dónde se ha escondido?

La tecnología como pesca de arrastre lo levanta todo, se lleva en sus redes cuanto analfabeta pueda, no sin antes de dejar uno que otro usuario, patente su estupidez en cualquier texto o en X pantalla.
Ante todo esto no basta rezar, hay que resucitar la dignidad propia y aprender a contemplar el futuro con los ojos de la compasión hacia la especie, que no es otra cosa que imaginar el mañana de quienes están llegando. Cada acto, cada conversación, cada gesto cuenta.
No es cuestión ya de tiempo sino de honestidad y acción.

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