Editorial: Nicaragua, la realidad política del vecindario… 

La historia es cíclica y lo que ocurre en Nicaragua es dramático. Aprender a convivir con un vecino incómodo es difícil e inevitable; sin embargo, o nos plantamos frente al régimen o condescendemos.  Ambas opciones tienen riesgos, no obstante nuestra responsabilidad es oponernos y contribuir a acelerar su descomposición, porque titubear por parte de nuestro pueblo y gobierno, no luce ser la alternativa.

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Don Pepe solía decir que se puede escoger a los amigos pero no los vecinos, y también de vez en cuando con algún sentido del humor indicaba, que Costa Rica tenía tres estaciones: lluviosa, seca y la de problemas con Nicaragua. Hay además por ahí una frase política conocida, la cual refiere al hecho de que cada país tiene al menos una frontera amigable  y otra no tanto. Ese también es nuestro caso. La política es una ciencia de realidades, y con respecto al hermano país del norte, tenemos una que no es posible desconocer, porque por un lado tenemos un gobierno despótico; en manos de dos personajes nefastos quienes dominan el actual escenario político en Nicaragua, y por otra, nuestra rotunda negación a aceptarlo o asimilarlo. Ambas cosas sin embargo constituyen, un fenómeno con implicaciones reales y objetivas para Costa Rica.

Nicaragua es un espacio geográfico ineludible, para el tránsito de nuestras exportaciones a Centroamérica, lo cual afecta inevitablemente nuestra economía. Hay otras actividades económicas no menos importantes como la energía eléctrica, implícita en las relaciones con Nicaragua.  Las migraciones nicaragüenses nos causan además un impacto, que es en primer término positivo; pero sin dejar de lado algunos aspectos negativos como también ocurre. La dictadura Ortega Murillo presiona irresponsablemente al desplazamiento obligado, de quienes se oponen y de quienes temen por justificadas razones a su represión.

Nos encontramos entonces, ante una realidad objetiva, y es el hecho de que nuestra economía tiene una relativa dependencia de Centroamérica, y además, que las olas migratorias siempre inciden en nuestra propia estabilidad. Ahora bien, sí mantenemos una posición firme como corresponde frente a un gobierno populista, autoritario y deslegitimado, debemos  por consecuencia, esperar su agresión sistemática y con mayor incidencia, al encontrarse nuestra economía vulnerada por la pandemia y en virtud de sus propias condiciones.  Por otra parte, sí jugamos a la indiferencia diplomática sobre lo que acontece en Nicaragua; para que nuestros negocios no se vean afectados, seríamos cómplices del régimen despótico de Ortega y Murillo. En este sentido, el desconocimiento de las elecciones en el hermano país, según lo ha expresado el Presidente Carlos Alvarado, ya debería tener ciertas consecuencias objetivas.  Lo importante es lograr que la comunidad internacional,  levante su voz y la mantenga, contra la farsa democrática ocurrida en Nicaragua. La Unión Europea, los Estados Unidos y algunos otros países, lo hacen e impulsan sanciones concretas. Si recuperamos un poco la dignidad mediante nuestra posición firme  a nivel internacional contra este sistema oprobioso, eso sin duda debe ayudar de alguna forma.

 

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