Editorial: Notre Dame, Cultura y Política

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La caída de la aguja con la cruz, en medio de aquellas manos de fuego que se elevaron hacia el cielo, produjo una imagen imborrable a la retina de la memoria, y estremeció el tinglado de la conciencia colectiva por razones muy diversas.

Para la cristiandad se vincula a una de esas excepcionales estructuras hechas por los brazos de la fe y cuyo significado traspasa el umbral de la cultura y la política, forjada por varias generaciones. Es una maravillosa forma construida a base de miles de pequeñas y variadas expresiones de arte, en piedra, madera, metal y cristales , convirtiéndola en obligatorio sitio de peregrinación.

Hay otras: la Catedral de Sevilla, Ayasofya en Estambul, la Mezquita de la Roca en Jerusalén o la Sinagoga de Budapest así como otras tantas ligadas a las tres grandes religiones más monoteistas y recíprocamente a la cultura y la política de sus pueblos.

Y es que en el mundo contemporáneo, donde valores y creencias anteriores vienen a menos, y en momentos en que la materialidad, el consumo y la vanidad son ara del actual comportamiento humano. Es como si el sistema todo de señalización cultural, religiosa y política conocido fuese colapsando ante los nuevos y distintos signos de los tiempos. Así cuando se dan hechos como este, es cuando nos percatamos; en simbolismos de esta magnitud, que algo profundo está sucediendo.

Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su obra Cómo perecen las democracias, nos dicen que estás hoy en día, se van sin revoluciones y sin estruendo, carcomidas lentas y gradualmente por su propio fuego, las instituciones las hacen caer. Hay una extraña mezcla de acontecimientos religiosos, culturales y de la política, igualmente las ayudan a colapsar. Un incendio o una explosión solo nos enteran de la culminación de un desastre que ya se venía fraguando poco a poco. Es tan solo la última página de un libro que se viene leyendo de hace rato.

Cuando cayeron las torres gemelas o los Budas gigantes a manos de la intolerancia, ya el milenio anunciaba un choque de civilizaciones. Ahora cualquier cosa impactante despierta esos temores. Ésta es una de esas.
La agonía de las democracias y los hechos extraordinarios solo deben hacernos reflexionar para ser mejores. El ave fénix siempre resurge de las cenizas, así que algo bueno está por suceder en el orbe.

 

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