En general se podría considerar el verdadero liderazgo, como aquel conectado a las necesidades de las mayorías, pudiendo responder a ellas. No obstante en el mundo y época tan compleja en que vivimos, provoca repensar y comprender que los líderes de hoy tienen una responsabilidad superior, y ese role conlleva asumir otros retos fundamentales.

Se debe tener por ejemplo una lectura adecuada de los  desafíos globales de la humanidad, los cuales no son ajenos a nuestra propia sociedad. Se debe poseer una importante dosis de humanismo, determinación, y capacidad de adaptación a los cambios para la oportuna toma de decisiones, reconociendo en la identidad humana la más importante de todas las identidades. La voluntad de concertar con otros actores sociales a partir de las urgencias prioritarias que afligen a la colectividad, es por supuesto premisa inherente a los atributos del liderazgo contemporáneo.    

Experimentamos una época de crisis múltiples, tales como la climática, la sanitaria que podría repetirse y cuyas secuelas aún prevalecen, pero además el surgimiento de la postverdad como un fenómeno asociado a la inteligencia artificial e instrumento también de mercaderes, populistas, autócratas e inescrupulosos. También hay otras crisis, la inseguridad por ejemplo, o aquellas que derivan de la pobreza y la desigualdad social, o bien de la actividad de poderes fácticos; incluido el narcotráfico y sus variadas ramificaciones. Todos estos factores deterioran y empobrecen aún más la calidad de vida de las naciones.  Asimismo hay amenazas fuera de nuestro control, como una eventual tercera gran guerra en virtud de la capacidad nuclear de varias naciones. No hay interés legítimo en tender puentes y resolver por medio de la negociación y la diplomacia los grandes conflictos.

Hay entonces una enorme responsabilidad de los partidos políticos aquí y en todo lugar, de habilitar dirigentes, inculcando en ellos un modo diferente de gestión, bajo escenarios a nivel global y local, que hoy son radicalmente distintos. Los líderes de tipo mesiánico, es decir aquellos que asumen iluminación divina para dirigir a las masas, o los populistas, que se arrogan la identidad del pueblo para sí mismos, son por definición incapaces de abordar los temas con visión estructural, por cuanto su preocupación no es el ciudadano, sino el poder por el poder.

Las organizaciones partidistas renunciaron por algún motivo, a la formación de sus propios cuadros; en momentos en que la construcción de los nuevos liderazgos conlleva mucha preparación y disciplina, esa requerida para articular la acción de los distintos conglomerados hacia derroteros conjuntos. Existe el imperativo histórico, de sumar voluntades diversas a  través de la construcción de una narrativa aspiracional, congruente y  motivadora, pero siempre bajo el propósito común del bienestar general. Se exige una combinación de autoridad más no de autoritarismo, la participación activa y consciente de la ciudadanía, y al mismo tiempo cierta dosis de pragmatismo sobre el quehacer y el cómo, pero a partir de una ética inquebrantable como principio esencial. Algunos de estos factores los menciona Walter Coto en su libro sobre El Método de la Conveniencia Nacional y la Frustración de las Ideologías. Autoridad para definir el rumbo con respeto por los diferentes tipos de pensamiento.

Costa Rica demanda nuevos liderazgos, para mitigar el impacto de fuerzas dañinas en el tejido social y la institucionalidad que tanto costó hilvanar a nuestros antepasados para nosotros.  Los partidos políticos, las organizaciones y sus dirigencias deben reiniciar la tarea o empezarla: comprender la urgencia y responsabilidad de forjar liderazgos adaptados a las demandas de los nuevos tiempos.

 

 

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