Editorial: Ondas expansivas de la guerra en Ucrania

Las viejas añoranzas imperiales por un lado, la ausencia de una clara ruta diplomática y la incidencia para agudizar las condiciones presentes, están provocando las condiciones que podrían llevar a la tormenta perfecta.

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Sin mayores logros militares, pero con un elevado costo humano, avanza la locura de la guerra rusa en Ucrania con consecuencias para todos, en un mundo interdependiente y maltrecho en lo económico, sanitario y ambiental, con evidentes consecuencias para las grandes mayorías en los países pobres.

Se estima, que Rusia invierte unos trescientos millones de dólares diarios, para mantener su agresión militar,  lo que más temprano que tarde implica un golpe certero a la economía rusa. En todo caso, los pocos avances militares  hacen prever una guerra prolongada y desgastante, con severos perjuicios para el mundo en muy diversos ámbitos.En lo militar también, la Unión Europea, se ha percatado de su armamento obsoleto y la urgencia de renovar lo que denominan su “defensa”,  para lo que planifica inversiones conjuntas que permitan administrar hacia futuro a modo de previsión, los elevados costos de la industria de la guerra.

No menos importante para los Estados Unidos, es procurar mantener posición hegemónica en lo militar, a pesar de un claro debilitamiento político y económico interno y externo.Estados Unidos también, habrá invertido alrededor de cuarenta mil millones de dólares en Ucrania, a tan solo 12 semanas del conflicto, el cual  algunos analistas califican como guerra proxy; es decir, con una aguda intervención en un territorio que no es el propio, evitando así una confrontación directa.

Ni que decir, de la asistencia económica de la Unión Europea a Ucrania, donde tan sólo detener en el mediano plazo la dependencia del gas barato de la Rusia de Putin,  le costará, aproximadamente doscientos mil millones de euros, dada la fortaleza en combustibles fósiles de Rusia, con la que a lo largo de las últimas décadas, este país  ha hecho depender en buena medida a Europa.  En lo económico, el mundo pagará una elevada factura debido a la escasez de alimentos, a los precios del petróleo y a la propia situación interna afectada por la pandemia. Sólo gana la industria de la guerra, que dinamizará sin duda a un sector relevante de la economía capitalista.  La geopolítica mundial, experimenta un serio reacomodo.

Estados Unidos, paga quizás caro su oportunismo de aprovechar la caída del muro, para reforzar sus avances militares en Europa, haciéndolo en las barbas de la antigua Unión Soviética, bajo el liderazgo de un autócrata genuino.

China ve con cautela lo que ocurre, siendo ahora un importante actor económico global. Condena las sanciones a Rusia, pero mantiene equidistancia también de sus pretensiones.  Países neutrales en los conflictos armados; dadas sus malas experiencias del pasado, como Suecia y Finlandia, han decidido tomar partido pidiendo incorporación a la OTAN y dejar de lado su vieja neutralidad.  Es además, una fórmula para mantenerse unidos en un bloque importante de países. Veremos si Turquía cambia de posición y accede a las pretensiones de ambos.Las viejas añoranzas imperiales por un lado, la ausencia de una clara ruta diplomática y la incidencia para agudizar las condiciones presentes, están provocando las condiciones que podrían llevar a la tormenta perfecta.

¿Quién parará este absurdo y cuándo, es algo que no está todavía a la vista?.

El objetivo de debilitar las pretensiones de Rusia, a través de sanciones efectivas con incidencia en el corto plazo, parece ahora lo más importante, porque sólo eso podría obligar a Vladimir Putin a negociar, y ver en la diplomacia la opción que por ahora no se vislumbra.

 

 

 

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