Editorial: Pausa para la reflexión sobre lo que acontece (Incluye podcast)

No podemos continuar por la senda de la indiferencia o del vacío para relacionarnos con los demás y con lo demás. Esta pausa entonces, debe ser para la reflexión, para la oración, para la meditación, para el pensamiento más profundo que podamos poseer y  a partir de allí, trazar el camino nuevo. Buscar entonces nuestra mejor versión y ofrecerla a los demás.

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Los días de Semana Santa son propicios para detenerse, hacer un alto y reflexionar sobre la situación que acontece. No sólo debemos meditar en aquellas cosas que suceden a nivel  global, sino también en las que repercuten más en el plano local y por qué no también aquellas las cuales nos afectan directamente, como lo es la pérdida de personas valiosas, cuyas vidas por una u otra razón se ven truncadas de forma abrupta. Evocando al poeta John Donne, viene al pensamiento aquello de  “no preguntes por quién replican las campanas, pues replican por ti, la  ausencia de cualquier ser humano disminuye de algún modo el continente de la humanidad”.

La soberbia, la egolatría, el yoismo lucen como diminutas necedades humanas, que se disipan ante los fenómenos superiores incontrolables… y sí en algo ha de importar esto, sería en que su impacto pueda incidir de alguna forma, en el comportamiento individual  y colectivo.  La naturaleza nos enseña que todos los fenómenos, tanto grandes como pequeños o diminutos, tienen alguna conexión importante entre ellos.  Este es el caso del informe de la Organización Mundial de la Salud, sobre el posible origen de la pandemia, que tanto desasosiego ha traído a la humanidad (aunque los  resultados no son aún  definitivos), relacionados con la manipulación inadecuada de un animal igualmente pequeño; habitante de tantos lugares del planeta.

Es posible que la humanidad pese a los profundos y sucesivos cambios científicos y tecnológicos tan admirables, se encuentre en un punto de inflexión que a la postre le permita reflexionar sobre cuál debe ser en realidad,  su comportamiento en este Hogar que todos compartimos, entre si mismos y con las otras especies.

Innegable es el hecho,  que hay una mutación en los valores de la especie; igualmente manifiesto en las diferentes culturas existentes. Esos valores sin embargo parecen dejar de lado los aspectos sustantivos relacionados con la solidaridad y la compasión, en una sociedad cada vez más desposeída de un sentido espiritual, por lo general escaso.

La situación económica y social en general que aflige a los grupos sociales más vulnerables, pero a todos de algún modo, así como este mal que arranca tantas vidas cada día, son motivos suficientes para hacernos valer y resurgir de una  manera diferente para enfrentar el porvenir.  Quizás el impacto de estos males nos permita detenernos en el camino, mostrar una actitud de humildad sincera  y de algún modo elevar la mirada hacia arriba, para comprender mejor; no sólo nuestra pequeñez sino el estado de impotencia e indefensión en que nos encontramos, donde  nuestra soberbia y orgullo no sirven absolutamente para nada.

La pérdida de amigos y familiares; con aún mucho que ofrecerle a la vida y a la sociedad, deben ser la inspiración para asumir ese comportamiento, actitud o manifestación diferente, sobre nuestros actos personales, sociales y también políticos. No podemos continuar por la senda de la indiferencia o del vacío para relacionarnos con los demás y con lo demás. Esta pausa entonces, debe ser para la reflexión, para la oración, para la meditación, para el pensamiento más profundo que podamos poseer y  a partir de allí, trazar el camino nuevo. Buscar entonces nuestra mejor versión y ofrecerla a los demás.

 

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