Editorial: Pesimismo y esperanza ante un extraño y convulso cierre de año…

A las nuevas generaciones corresponde, junto a los de mayor experiencia y a quienes estén forjados de madera dura; abandonar una buena dosis de cinismo y amargura, para así tomar la antorcha del valor y adentrarse en la espesura del futuro; con optimismo, pasión, carácter y convicción. 

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Cochinilla, Azteca, Diamante, Amandita… y sólo sabrá el OIJ que otras sorpresas y nombres curiosos tiene para cerrar este 2021, aunque sugiero el de “Operación Chapito” para la próxima. Lo cierto es que el destape de la corrupción contiene también el ingrediente positivo de la transparencia y la luz contra la opacidad y los ocultos conciliábulos, creando mayor conciencia y responsabilidad en un sector importante de la ciudadanía. Favorece además la sana gestión de los recursos públicos. Don Walter Espinoza y el OIJ; con todos los defectos que puedan tener estas operaciones, también merecen créditos por su excelente labor. 

 Los medios internacionales alertan de la nueva amenaza, relacionada con la pandemia,  cuyo impacto en el 2020 y ahora en el 2021 ha sido muy fuerte en pérdidas de vidas y rastro de secuelas. Bajo el nombre de Ómicron se  presenta el nuevo rostro pandémico, que no en vano sobresalta a tantos.  Desde el punto de vista electoral, se presenta  una cantidad exagerada  de opciones políticas sobre las que los costarricenses deben decidir su preferencia.  Muchas de ellas no parecen tener pies ni cabeza y sin embargo exige a la ciudadanía, escudriñar intenciones,  poner atención a las propuestas de abordaje a los problemas nacionales,  y también  estudiar a los  candidatos y sus equipos de trabajo.

La situación fiscal, la  condición socio económica de las mayorías, la crisis climática, las migraciones masivas,  el aumento en los precios internacionales de bienes de consumo y de necesidad, por la crisis de contenedores en el mundo; entre otras situaciones, hacen prever que el futuro será más complejo. Ello exige ciudadanos responsables y gobernantes preparados para atender eficazmente la actual coyuntura. La democracia se encuentra en situación también lamentable en las Américas.  Costa Rica se aferra a su tradición democrática, para generar los espacios necesarios que le permitan salir adelante.

 Los costarricenses  en este contexto, necesitamos un respiro, un espacio de tregua y reflexión; propio de esta época del año, que nos permita tomar impulso y la energía necesaria para continuar y  luchar antes que esperar, para que en algún momento las cosas mejoren. Es claro no obstante, que muchos no  tienen tiempo ni recursos para reflexionar ni disfrutar, ni más opción que la lucha cotidiana en su sobrevivencia.

Estamos frente a una etapa de transición, en la que nuestras decisiones tanto individuales como colectivas son indispensables para superarnos. Asumir responsabilidad implica por tanto, no sólo lamentarse sino además adquirir conciencia y sobretodo actuar por y hacia lo mejor.  El cabreo  y la efervescencia social, son el reflejo de una actitud de cambio, como la fiebre manifiesta en la lucha del organismo por sanar. La época navideña es espacio de esperanza, hay que dejar colgado el pesimismo en el perchero, y tener la energía necesaria para provocar un cambio significativo en el rumbo del país.

A las nuevas generaciones corresponde, junto a los de mayor experiencia y a quienes estén forjados de madera dura; abandonar una buena dosis de cinismo y amargura, para así tomar la antorcha del valor y adentrarse en la espesura del futuro; con optimismo, pasión, carácter y convicción. 

Tal vez sí luchamos juntos con honestidad y confianza, podamos lograr ese cambio que tanto anhelamos en el 2022.

 

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