Editorial: Pintas de Enero

La democracia costarricense se presenta en el 2020 con muchas grietas y por tanto el bote empieza a hacer agua. Lentamente nos vamos hundiendo, sin que nada ni nadie, parezca impedirlo.

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Con la reacción de la Corte Plena, negativa a la disposición señalada por la Contraloría, en el sentido de que el Poder Judicial debe ajustarse a la Reforma Fiscal -lo cual implicaría cambiar el pago de pluses de forma porcentual a montos fijos- se inaugura de alguna manera, el 2020. La noticia provoca una evidente indignación colectiva, por cuanto la percepción es que la ley, es para otros, no para el Poder Judicial. El tema también ha puesto sobre la mesa un debate crucial: la independencia de un Poder del Estado, según ha sido señalado argumentativamente, en su discurso del 6 de Enero por el Magistrado Presidente Fernando Cruz.  El proceso de análisis y discusión que se genera a partir de esto, es como otros temas prioritarios, necesario para el país.

Las elecciones municipales no constituyen tampoco un tema menor. Es tiempo para la ciudadanía de saber sí se encuentra en verdad satisfecha con sus liderazgos locales, de lo contrario es una excelente oportunidad para estudiar e indagar en las diferentes candidaturas, posibilidades de mejora para cada comunidad electoral. La mejor de las posibilidades para  la ciudadanía quizás sea, posibilitar el cambio en liderazgos anquilosados, de esos que han aprendido la fórmula de como entronizarse en el poder.

La Asamblea Legislativa se encuentra en receso, aunque es obvio suponer que hay una intensa actividad política a nivel local, para incidir en los liderazgos partidarios de parte prácticamente de todos los legisladores. Los señores Diputados y Diputadas están distraídos en esta tarea durante este recreo. A su regreso posiblemente pegarán el grito al cielo con lo que está ocurriendo con el Poder Judicial y la demora del Ejecutivo con respecto a la reformulación de Ley de Empleo Público, pobremente presentada en oportunidad anterior. Debe comprenderse el valor que tiene esta ley, en complemento a las reformas indispensables n materia de finanzas públicas.

Por otra parte el Poder Ejecutivo seguirá por la línea del endeudamiento que posibilita a la vez  evadir; al menos por ahora, la urgencia de medidas económicas, y una política pública clara en materia de reactivación económica por su parte. Le Interesará más posiblemente al Ejecutivo, la promoción política de la primera dama con el tren eléctrico; las salidas a países exóticos en plan de pesca de inversiones, a lo que salga, y seguir postergando las decisiones más significativas que siguen en complemento a  la Reforma Fiscal.

El campeonato nacional de fútbol iniciará una vez más. Será como es costumbre, un largo bostezo de partidos aburridos en su mayoría y de técnicos bocones, para entretener el culebrón de los programas deportivos y su inagotable audiencia. El sistema obviamente está más diseñado para hacer dinero, que para realizar un campeonato, con un  calendario de modo sensato y un sistema más atractivo.

Las redes sociales explotan cada vez más en barrabasadas, ante cualquier detonante de información insulsa o ciertamente importante. Abundan los insultos como forma de expresión. Lo que está claro es que las redes sociales podrán servir para cualquier cosa, menos para generar un debate sano y profundo que contribuya al fortalecimiento de la democracia, o para educar cívicamente hablando. Lo facilito y el gancho de lo fuertemente emocional, se convierten en la tónica de estos medios.

La democracia costarricense se presenta en el 2020 con muchas grietas y por tanto el bote empieza a hacer agua. Lentamente nos vamos hundiendo, sin que nada ni nadie, parezca impedirlo. Copiamos acaso el destino que llevan otras democracias, es la pregunta.  Eso sería  muy lamentable y peligroso para el país, por tener en Costa Rica, un pasado cercano tan distinto y esperanzador.

Los partidos políticos viven una especie de morriña, añoran y tienen nostalgia por su vieja condición, pero no hay manera que puedan comprender lo que está sucediendo, ni parecen tener capacidad para ajustarse a las condiciones que brinda la nueva realidad. Ofrecen lo mismo cuando las necesidades ya son otras. Hoy se demanda certeza, contundencia, orden, seguridad, credibilidad y transparencia. Sobretodo participación activa de la ciudadanía. Pareciera que los partidos políticos hoy sobre el tapete hacia un nuevo proceso electoral, ni siquiera comprenden lo que sucede alrededor. Carecen de nueva narrativa a la luz de las presentes condiciones  y pierden el respeto de la ciudadanía con agotados discursos. Sus liderazgos lucen enclenques a la coyuntura.

El narcotráfico y el crimen organizado continúan en escalada. La violencia contra las mujeres tampoco brinda tregua y los feminicidios no se detienen. El desempleo sigue causando daño a un sector importante de la población joven del país, y también adulta.

Sin dejar de lado muchos otros aspectos lo cierto es que Enero del 2020, ofrece un panorama poco halagüeño, y se esperaría que el deseo de un Feliz Año Nuevo, signifique no otra cosa que un cambio de rumbo significativo. Eso sería quizás posible, si más costarricenses asumieran posición responsable, consciente y crítica, ante las cuestiones locales y nacionales. Costa Rica ha salido bien librada de otros momentos oscuros y difíciles. La cuestión es que ello depende en buena medida, de nosotros mismos.

 

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