Editorial: Poder Judicial y  secretismo legislativo

Los enemigos de la democracia son muy diversos y provienen de muy distintos sectores ideológicos y en el momento en que se pierda la total credibilidad en la justicia y el poder judicial, todo lo demás saldrá sobrando.  La ignorancia de los Diputados es tal, que no se dan cuenta del inmenso daño que provocan con sus posiciones insensatas.  Al menos deben quedar en evidencia.

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Nuestra democracia, como acontece en otros lugares del mundo, está agrietada y razones hay muchas; fáciles a la comprensión de muchos. El Poder Judicial, es uno de los factores fundamentales que permite sostener aún ese delicado andamiaje.  Un grupo mayoritario de legisladores, siguiendo la vieja tradición de manipular con opacidad la elección de Magistrados, brinda excusas que como dirían nuestros mayores “hasta el sol para y sale a verlos”. Eso podría tener por ahora unas tres explicaciones, aunque ninguna buena:

La primera es que a la postre estén sirviendo a los intereses de sus mandadores para incidir eventualmente en resoluciones que convengan a sus propias agendas; dependiendo de la Sala . Al final la elección se pagaría mediante la vuelta del favor.

La segunda es refugiar su favoritismo en el anonimato, porque de alguna manera si dices por quien votas, podría saber qué buscas.

La tercera es pretender que los magistrados electos obedezcan a  consignas partidarias o a determinada visión con réditos electorales. Los temas  de derechos humanos se prestan mucho para esto, aunque no sólo esos.

Ahora bien, sí ninguna de estas razones es  exacta u obedecen a una horrible especulación, la pregunta es a quién entonces beneficia este ocultamiento del voto, porque en lo que a la ciudadanía respecta, los tiempos y el clamor son de mayor transparencia y rendición de cuentas.  En todo caso de cero  opacidad.

Se podría concluir que a lo mejor los diputados están haciendo un legítimo arroz con mango, porque por un lado está bien poner coto a las pensiones desorbitadas en el contexto económico y social que experimenta el país, y a lo que se puede interpretar como privilegios abusivos, así como también investigar cosas que al parecer apestan y que conspiran contra el mejoramiento de la justicia, pero otra muy distinta es procurar un Poder Judicial postrado a grandes intereses; o a figuras político partidistas mediante el juego de ajedrez con puestos vacantes de Magistrados. Flaco favor que se le hace a la democracia por cuanto la tarea es fortalecer el Poder Judicial no diezmarlo  y debilitarlo de esta manera. En todo caso esas intenciones no son nada nuevas  y por el contrario con cada elección de Magistrado, estas  emergen con mucha claridad.

Estamos en tiempos de transparencia y lo importante es abrir las puertas y las ventanas de los sitios que son indispensables para el mantenimiento de la democracia, aunque si bien maltrecha, la única forma civilizada de Gobierno a que podríamos aspirar. Sí la idea es escoger Magistrados a medida de sastre, es fácilmente previsible,  por donde se filtrara el tráfico de influencias y la corrupción en el corto plazo, así como otros peligros mayores.

Al parecer ya hay un grupo o grupos dentro del Poder Judicial,  dispuestos a venderse al mejor postor, procurar el empoderamiento interno que aún no logran y deshacerse de la cúpula más honesta con la que hoy en día cuenta el Poder Judicial, incluido el propio Presidente de la Corte. Dr. Fernando Cruz. Su propósito es el pode por el poder. Esto no soslaya las diferencias de criterio que pueden darse con respecto a su accionar.  Lo que está claro es que la independencia es algo que no comprenden los legisladores, y que además les estorba, pero además existen viles pretensiones del poder por el poder,  las cuáles se manifiestan cada vez con mayor claridad.  Se busca toda clase de argumentaciones absurdas, para hacer daño y la verdad lo están logrando. De modo que este jueguito en la Asamblea Legislativa y la argumentación que brindan diputados como Muñoz, Masís y Rodríguez, entre otros, es realmente absurda. Los tiempos que vivimos son precisamente para limpiar y oxigenar la institucionalidad; lo son  para la transparencia y también para la rendición de cuentas.

Los enemigos de la democracia son muy diversos y provienen de muy distintos sectores ideológicos y en el momento en que se pierda la total credibilidad en la justicia y el poder judicial, todo lo demás saldrá sobrando.  La ignorancia de los Diputados es tal, que no se dan cuenta del inmenso daño que provocan con sus posiciones insensatas.  Al menos deben quedar en evidencia.

La institucionalidad maltrecha debe también aprender a responder a las circunstancias,  de lo contrario  son tiempos realmente difíciles los que nos esperan. El reto sigue estando allí.

 

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