Editorial: ¿Podremos salir de este pantano? (incluye podcast)

¿Podremos salir del pantano? Lo podemos intentar, pero sólo  con responsabilidad. Lo cierto es que no hay otro momento. Es este.

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Cuando creíamos que estábamos en una situación suficientemente lamentable, por la crisis de las finanzas públicas, por la pandemia, por la pobre gobernanza, por el desempleo y la pobreza, por la situación que atraviesan miles de estudiantes; privados hoy día de una educación decente, pero además por  la penetración del narcotráfico y  la agudización del crimen organizado…  se nos viene ahora este latigazo de corrupción que el Organismo de Investigación Judicial, nos sirve a domicilio. Vaya ironía, tener que apagar las doscientas velas del queque patrio en estas desgraciadas circunstancias. Esto sin duda causa  una nueva y profunda aflicción, y justo en el comienzo de otro proceso electoral.

El comportamiento social de estos días, es además un reflejo de lo que somos como colectividad. La crispación actual refleja la frustración, el enojo, y el desencanto de la ciudadanía, la cual se manifiesta de mil formas y denota a su paso, todas las conductas personales que es posible imaginar. Porque también en momentos como estos, los egos se alborotan y hay quienes despotrican  ya casi que por deporte, contra el Gobierno, contra los partidos y contra los demás y se juzga a diestra y siniestra al prójimo, sin piedad y misericordia alguna.

Los intereses igualmente se agudizan, protegiendo cada quien la parcela propia. Los enemigos de la institucionalidad; ya de por sí suficientes, arremeten contra justos y pecadores, y quienes odian por alguna razón a los empresarios también estos días están felices. Porque hay que tenerlo claro,  “patear en el suelo” es un reconocido deporte en la idiosincrasia criolla. Y  no importa a quién ni cómo, o si se es o si no se es culpable. Y ahora más, desde que se inventaron las redes sociales para insultar.

Ante momentos como el presente, hay dos tareas  imprescindibles. Por un lado, analizar fríamente las causas estructurales de la maltrecha democracia, que permitan dar luz  sobre cómo atender sus problemas y  asociado a ello, cuáles son hacia el futuro posibles soluciones. La negación en la que incurrimos, para revisar a fondo la urgencia de una reforma estructural al Estado costarricense,  amerita quizás una impostergable reflexión.

Tal vez  estemos al frente de una de esas verdades a las que le ha llegado su tiempo. Por otro lado, está la urgencia de conocer; en medio de esta coyuntura electoral,  las propuestas de fondo, así como también los equipos de trabajo de quienes aspiran a la Presidencia de la República, personas que brillen por su capacidad y honestidad.

No se debe girar cheques en blanco a candidatos sin preparación alguna, pues sólo eso nos haría falta para completar el terrible escenario del presente.  Elegir bien es  una necesidad de primer orden. No podemos dejarnos ir por cantos de sirena en un contexto tan  delicado, como el que nos ha correspondido vivir.

El peso de la justicia debe caer sobre todos aquellos, a quienes se demuestre su culpabilidad, pero eso de hacer “correr sangre” a diestra y siniestra, no es lo que nos va a sacar del pantano.. Por eso, y antes que nada, tratemos de ayudarnos para salir de la ciénaga, porque sólo de ese modo honraremos a las generaciones venideras. No podemos permitir que el odio, la cólera, y la frustración, nos impidan ver el camino por el cual debe transitar con toda su potencialidad Costa Rica, el resto del Siglo XXI.

¿Podremos salir del pantano? Lo podemos intentar, pero sólo  con responsabilidad. Lo cierto es que no hay otro momento. Es este.

 

 

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