La sociedad costarricense ha cambiado radicalmente y aquel sabor a aldea que tenía el país ha cambiado por completo y sin embargo uno puede esbozar varias respuestas a lo sucedido el domingo, las cuales son muy diferentes. El concepto de familia, comunidad y valores tradicionales por ejemplo, se ha transformado radicalmente, sin querer emitir sobre esto ningún juicio de valor; simplemente las nuevas generaciones no se nutren de lo que se han alimentado las anteriores. La formación cívica estaba constituida por un conjunto de factores los cuales han venido sufriendo una alteración inevitable.

El Estado ha descuidado sus principales tareas de orden social como la educación, la movilidad social, la equidad y la justicia social como también la seguridad ciudadana. Votar o participar políticamente no se encuentra en las prioridades de muchas personas, quienes día a día se entregan a la lucha del sustento cotidiano. La desigualdad social que se ha venido agudizando, producto de los fenómenos del poder de grandes intereses que gravitan, no es algo desvinculado de cuanto está ocurriendo.

Las corrientes populistas por otro lado, vienen nutriéndose del descontento, la desilusión y la frustración ciudadanas y hunden el dedo en la llaga en su propio afán por el poder. Costa Rica no es la excepción. Las redes sociales y la tecnología, lejos de ser un instrumento educativo, se han transformado en la práctica para muchos, en fuentes de desinformación y desasosiego, producto del manoseo y de la manipulación de actitudes violentas y también de odio. La neurociencia ha venido para quedarse, y con ello la administración vía tecnológica de la desinformación y la falsedad, como factores que alteran la voluntad, por vía de los prejuicios y los hábitos incrustados en sectores que carecen de educación y de formación. Es así como muchas personas inocentemente absorben de la pantalla, cuanta sandez emerja, pero sin interés alguno por encontrar sí aquello proviene de fuentes confiables y ni siquiera comprobar si lo que le llega y comparte tiene sentido alguno.

Hay operadores políticos y diestros en el manejo tecnológico, que recurren reiteradamente al engaño, la distorsión, y falsean las fuentes. Sobretodo distan de ser neutrales en su afán por la concentración del poder. Son capaces de deslegitimar y falsear los cimientos de cualquier verdad, incluido agrietar cínicamente, aquellos que nutren la institucionalidad democrática. No tienen reparo en desprestigiar a personas decentes o en socavar la credibilidad en el Estado mismo.

La carencia de formación de liderazgos es un fenómeno que incide innegablemente, por cuanto ahora el único requisito para aspirar es simplemente desear ocupar una posición, aunque se carezca del conocimiento, de la experiencia, o de lo más elemental sobre el marco jurídico y técnico que fundamenta el cargo que se procura.

Esto se encuentra innegablemente asociado al abandono de la capacitación que solían hacer los partidos políticos a sus cuadros dirigentes. Hoy en día no son los partidos los que motivan a la participación político partidista, sino la convicción individual de que se puede asumir un puesto. Claro está que el descrédito y la contribución también han lanzado a muchos en pos de tratar de hacer las cosas mejor , que quienes han ocupado posiciones políticas.

La gran interrogante es sí este comportamiento que posibilita estos niveles de abstencionismo puede ser cambiado de curso. La respuesta sin embargo no se encuentra sólo en las instituciones, o en las organizaciones de la sociedad civil, también es una que deben hacerse muchos ciudadanos que se la pasan quejándose pero que son incapaces de asumir un comportamiento responsable para enmendar el rumbo que lleva la democracia costarricense. Por supuesto que este comportamiento es asimismo el antídoto para robustecer en lo cotidiano y no cada cuatro años o dos, nuestro sistema político en beneficio de las nuevas generaciones. Esa responsabilidad es ineludible a la conciencia de cada quien por cuanto que implica la única posibilidad de rectificar el rumbo de nuestro propio destino e historia.

 

 

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Por Redacción

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