Editorial: ¿Por quién tañen las campanas? (incluye podcast)

El tema de la corrupción vuelve entonces a la agenda nacional. Se visualiza como  prioritario, desplazando al desempleo y la pobreza, que hasta ahora; producto de la pandemia se habían agudizado, de la mano con la situación económica del país. 

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El mega-operativo del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), para detener un proceso de corruptela en esferas gubernamentales y empresariales ha estremecido el actual escenario nacional. Esta semana han salido a la luz pública, hechos que se han venido dando desde hace mucho tiempo y cuyo costo  para el Estado anda por el orden de los 78 millones de dólares, y que han sacudido  la conciencia nacional.  La cantidad de posibles implicados y la forma en que se dió la acción de judicial, en un operativo sin parangón en la historia del país.

Y sobre esto hay varias cosas importantes; algunas  que celebrar y otras no tanto. Entre aquellas que sí, está la acuciosa investigación por casi dos años, para llegar a conclusiones que permiten la acción judicial prevista. Visto desde fuera sin embargo, el procedimiento empleado semeja “pesca de arrastre”, porque en las redes caen también  personas que tal vez no tengan que ver en el proceso de corrupción al que se alude.

El Director del OIJ en su operación “Cochinilla” se refiere al grupo criminal de forma indiscriminada y universaliza en todos ellos, los métodos corruptos a los cuales han recurrido para ser sobornados. Por otro lado sin embargo, es bueno elevar los niveles de riesgo, y pone a quienes estén en actividad similar en alerta; anunciándoles de algún modo, que el manto de la impunidad ya no les cubrirá más.

Los medios tradicionales de comunicación y los alternativos se han lanzado voraces sobre los supuestos criminales. Habrá que ver cargos específicos. En todo caso el “canibalismo mediático” continúa siendo un método deleznable para despedazar uno a uno a los presuntos indiciados de actos que ciertamente son muy reprochables.  La institucionalidad una vez más queda maltrecha. Esperamos que quienes se han lanzado a esta cruzada sepan en realidad lo que están haciendo.

Algo por lo demás evidente y que deriva de esto, es el hecho inobjetable de que la corrupción pública difícilmente pueda existir sí no existieran corruptores del lado del sector empresarial.  Son dos caras de una misma moneda, donde el canto es precisamente la impunidad.  Se trata de empresas y empresarios quienes por años han logrado sortear obstáculos burocráticos, con  “socios de adentro” para agrandar el  margen de sus negocios, de una forma posiblemente más expedita y eficaz. Los funcionarios públicos, atraídos por cantos de sirena, se han decidido a pecar a diestra y siniestra. Tal pareciera que en este maridaje público-privado, todos han sacado algún provecho material importante.

El tema de la corrupción vuelve entonces a la agenda nacional. Se visualiza como  prioritario, desplazando al desempleo y la pobreza, que hasta ahora; producto de la pandemia se habían agudizado, de la mano con la situación económica del país.   Esto significa que tendremos una campaña política muy movida y que los cargos entre los candidatos; tratándose de corruptos,  se pondrá de moda a partir de hoy. El tema sin negar su importancia, nos distrae y nos aleja de las grandes metas nacionales. Y lo cierto del caso es que el Gobierno de la República difícilmente se pueda escapar de estas acusaciones tan serias. Veremos si es así.

…Por eso ahora nos preguntamos ¿por quién tañen ahora las campanas?

No hay duda que lo hacen por vos y por mí; lo hacen por todos nosotros.

Es una pena que esto sea así en las ya complicados momentos de nuestras existencias.

 

 

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