La cuestión es prevenir y actuar al mismo tiempo mientras no sea demasiado tarde.

Los recientes desastres naturales a causa de los terremotos, pero también relacionados con eventos meteorológicos extremos, deberían llamarnos a la reflexión. Somos una sociedad que en mucho se siente inmune ante ese tipo de situaciones, porque así ha sido a lo largo de la historia en esta pequeña galaxia utópica, como algún extranjero llamó a Costa Rica en la década de los sesentas. Aún así hemos tenido penosos recordatorios como fue el conocido terremoto de Cinchona, o bien el terremoto de Limón en décadas pasadas.
Costa Rica ha sido solidaria con otros pueblos, como ocurrió hace poco en Venezuela en donde nuestros cruzrojistas tuvieron una participación muy activa. El terremoto en Colombia fue otro penoso recordatorio que ningún sitio de la geografía latinoamericana, está exento de este tipo de tragedias. Por eso lo importante es poner las barbas en remojo y asumir la prevención de desastres naturales con la seriedad y responsabilidad que amerita.
En días pasados Costa Rica realizó un nuevo simulacro y aunque contó con una participacíón interesante, lo cierto es que la mayoría de los costarricenses no lo hicieron, o bien lo tomaron muy a la ligera. La enseñanza que deriva de ello, es no esperar bajo ninguna circunstancia a que ocurra alguna tragedia para entonces actuar. Es evidente que debe hacerse de forma planeada y responsable, procurando que la población asuma el nivel de conciencia requerido para atender una emergencia improvista, de esas que de cuando en cuando suele provocarse en la naturaleza.
Más aún, el Estado Costarricense debe tomar la iniciativa y la propia Asamblea Legislativa, debiera legislar en dirección de proveer los recursos necesarios, para amortiguar un fenómeno de esa magnitud, nos impacte de repente y su fuerza se ensañe contra la población costarricense. La Comisión Nacional de Emergencias debe plantear ante el Congreso por ejemplo, las iniciativas de ley que sean necesarias para que la prevención sea asumida como corresponde ante un desastre natural.
El científico Marino Protti, y sus compañeros especialistas, han realizado una labor extraordinaria, procurando que la población costarricense se encuentre perfectamente enterada, sobre este tipo de acontecimientos y más importante en como amortiguarlos cuando predecirlos no es una tarea tan sencilla. Los partidos políticos debieran igualmente hacer un llamado conjunto para que la sociedad costarricense, se encuentre más dispuesta desde el punto de vista preventivo a este tipo de circunstancias. La cuestión es prevenir y actuar al mismo tiempo mientras no sea demasiado tarde.
Este mes de la Patria debe servirnos para reflexionar sobre nuestro destino desde muy diversos puntos de vista, pero igualmente debiera serlo para que las juventudes y la población en general, se encuentren dispuestos a tender sus manos solidarias ante una eventual emergencia provocada por un desastre natural. Ello sin embargo requiere liderazgo y direccionamiento apropiado. Corresponde entonces a la Comisión Nacional de Emergencias tomar las previsiones necesarias para amortiguar el impacto de una eventual catástrofe.
No es mucho pedir, pero el ahorro en pérdidas materiales y de vidas se encuentra ahora en situación incierta. Atender entonces al llamado de la sensatez, mientras eso sea posible, constituye un imperativo social ineludible. Ojalá que el mismo gobierno de la república, sea la instancia que incite al llamado de las distintas fuerzas de la sociedad, para enfrentar cualquier catástrofe natural; a la que hoy sin duda alguna, NO estamos preparados.


