Menudo dilema se le presenta a los electores norteamericanos en esta ocasión; aunque ya sabemos lo diferente que es el sistema electoral norteamericano, pues dependen del voto indirecto. Ello implica que 238 (de 570) hacen un Presidente en Estados Unidos. Es un sistema curioso porque aunque el que pierda tenga el mayor número de votos de toda la población votante, en caso que no alcance los 238 delegados simplemente queda afuera. Valga decir que la población de ese país se acerca ya a los 350 millones de habitantes. Debe considerarse que la cantidad de migrantes han incidido notablemente en el incremento gradual de los habitantes, ya cuenta con una cifra superior a los 50 millones de migrantes. Un promedio superior a los dos millones y medio, anualmente, ha venido a incrementar la población migrante a casi un 12% de la global.

Estados Unidos por otra parte, tiene una situación económica estable producto de su rápida recuperación de la pandemia y su tasa de desempleo no alcanza el 4%, aunque la pobreza ha aumentado en los últimos años a una cifra cercana al 12%, factor que ya es notorio en algunas ciudades donde hace un tiempo esto hubiera sido impensable. Lo cierto es que la que continúa siendo la economía más grande del mundo, ahora comparte una mesa del poder más bien circular, entre las cuales están China, la India, Rusia, Japón…entre otros países.

Esto significa entonces, que pese al poderío económico y militar de los Estados Unidos, cuenta con un sistema político igualmente deteriorado en forma significativa, y que hoy tiene a una nación postrada ante la incertidumbre que representa el futuro ante las diversas crisis que la sociedad está atestiguando, no sólo en norteamérica sino también en otras regiones del muno. Es el caso de la crisis climática, la sanitaria, la política, la educativa, la de la seguridad, sólo para mencionar algunas. Adicionalmente la desinformación, la posverdad y la polarización forman parte del nuevo escenario político en el mundo y por consecuencia también en los Estados Unidos.

En ese contexto ha venido dándose un significativo debilitamiento y erosión de las democracias, acompañadas de la desigualdad y el desencanto de la ciudadanía con los partidos políticos y por consecuencia con el sistema democrático fundamentado en la participación activa de esas organizaciones. El resurgimiento de los autócratas y de los modelos políticos autoritarios ha venido ocupando mayores espacios cada vez más y agrietando el sistema institucional basado en los tres poderes formales. Hoy la ciudadanía procura certezas sin importar la fuente del poder, sea este unipersonal o colegiado, pero que le brinde certezas inmediatas sin necesariamente visualizar las condiciones futuras a las que se vean expuestas las generaciones venideras. El inmediatismo y la emocionalidad ocupan espacios que otrora consideraríamos impensables. Tampoco puede dejarse de lado la revolución tecnológica que ha posibilitado un cambio en las reglas del juego en la educación, en la información y también en la formación del pensamiento político.

Para los más agudos ciudadanos entonces y bajo ese escenario, se debe optar entre un criminal convicto y un adulto mayor de características seniles, dado que la población está dividida casi simétricamente entre sus ineludibles opciones: El Republicano Trump y el Demócrata Biden, aunque es asimismo interesante la cifra que supera el 15% de intención de voto hacia los candidatos independientes y entre los cuales destaca el amante de los teorías conspirativas Robert Kennedy Jr.

La sensación en todo caso es que el mundo ya no es el mismo, en que el poder político de las sociedades altamente industrializadas está cada vez más fragmentado y que la tecnología ha venido recientemente a ocupar un lugar y a llenar sí se quiere un vacío que será difícil de cambiar en los próximos años. El nuevo modelo trae consigo una profunda deshumanización, ausencia de compasión y desprecio por atender la madre de las crisis de la especie humana como lo es la crisis climática. Los distractores empleados por los liderazgos populistas, nos alejan cada vez más de la atención a los problemas estructurales y nos concentran en el juego emocional, provocado por las crisis día a día que se engendran o generan por los grupos de presión e interés. Saber lo que realmente está ocurriendo se convierte en la primera responsabilidad para el cambio.

Vendrán los debates presidenciales, el primero de ellos propiciado por la CNN para el 27 de Junio, vendrán la sentencia al criminal convicto, las cuales serán anunciadas en Julio unos días antes de la Convención Republicana, igualmente el juicio de Hunter Biden, e e igualmente vendrán las convenciones tanto republicana como demócrata, y luego otro debate. Ahi posiblemente los temas sean los temas conocidos: migrantes (principales chivos expiatorios), China, Ucrania, y un tema no menos importante, como lo es la crisis provocada por el conflicto entre Israel y Hamas por las razones de sobra conocidas. Por lo demás, la narrativa cargada de juicios de valor y falsedades ocupará la atención mediática.

Mientras tanto Bukele, Milei, Ortega, Chaves y otros personajes de esta región, se sentirán muy complacidos de reproducir su modelo personalista-dictatorial, y las naciones seguirán a la deriva. El Chaves de acá, anhela ser parte de este club. Es por eso que hoy día la importancia de las cosas, radica básicamente en decidir sí se quiere seguir por el espinoso camino de la certidumbre autoritaria o más bien por el lado de la incertidumbre esperanzadora,esa que contribuya a una transición en donde lo posible sea el mejoramiento del bienestar colectivo. Eso sin embargo, está por verse en las próximas semanas en Estados Unidos también, aunque la opción de la esperanza ante la incertidumbre no lo sea tanto.