Editorial: Que el drama de otros sirva de espejo para nosotros…

Los costarricenses somos muy dados a creer que vivimos una gran tragedia, cuando en realidad ni siquiera nos encontramos en la antesala. De ahí que valorar los espacios que aún tenemos para transformar y asumir responsabilidad política, es una tarea ineludible e inevitable.

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A nadie escapa la presencia de centenares de venezolanos que no sólo en el Valle Central sino ya en otras regiones del país; jóvenes y no tan jóvenes, con cartelones rotulados y la bandera  de su país, practican la indigencia pública para “seguir su camino”. Es una situación social que causa tristeza y suma a la de tantos costarricenses de todas las edades, que han tomado igualmente esa opción ante la carencia de oportunidades y espacios de superación.  Es evidente que las cosas no van bien y hay un evidente deterioro en la institucionalidad misma, incapaz en dar respuesta a situaciones sociales agudas. No menos dramático el caso de cientos de nicaragüenses que huyen del régimen represivo Ortega-Murillo, para evitar ser encarcelados y torturados por un régimen autoritario sin respeto alguno por los derechos humanos más elementales.

Vivimos en una época de democracias cansinas y maltrechas, de ahí que las respuestas son débiles y demasiado temporales.  Muchos colombianos también han hecho de Costa Rica su propio oasis, ante las dificultades que les obligaron a buscar salida, al igual que otros sudamericanos lo hicieran en el pasado por razones similares, sin dejar de lado a otros centroamericanos, y ni que se diga de los haitianos; también de los jamaiquinos y cubanos.

Cuando los Estados se vuelven contra los suyos y las democracias expiran gradualmente, la desesperanza y la ansiedad cunden por doquier poseyendo el alma de las mayorías. Sucede entonces que los pueblos ven como única opción su auto expatriación. Su salida  ha sido forzada al apropiarse y consolidarse en el poder megalómanos y tiranuelos, quienes convierten del poder una finalidad al servicio de su estricto beneficio. Cómo revertir ese proceso? o bien qué hacer?   Los costarricenses somos muy dados a creer que vivimos una gran tragedia, cuando en realidad ni siquiera nos encontramos en la antesala. De ahí que valorar los espacios que aún tenemos para transformar y asumir responsabilidad política, es una tarea ineludible e inevitable.

En las oleadas migratorias siempre los ticos han salido a cuenta gotas al exterior, en busca de mejores oportunidades, en comparación con hombres, mujeres y niños de otras nacionalidades a quienes anima el espíritu de sobrevivencia.  La tragedia de los menores de edad, migrantes también, retrata de forma inequívoca la verdadera dimensión de este problema global.  Lo cierto y elemental es que sí uno está satisfecho en su entorno, entonces la lucha es por defender y valorar lo que se tiene, pero esto no es cierto en los casos mencionados.

Son tiempos nuevos, distintos; críticos y muy complejos, sin embargo no todo está dicho y mucho menos realizado. Vivimos momentos de grandes oportunidades y no menos importante, de enormes desafíos, pero luchar por mejorar lo que tenemos a nivel institucional, para evitar que termine conspirando en contra, es quizás el mayor de los desafíos.

 

 

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