A pesar de las difíciles circunstancias que atraviesa la democracia en el mundo, es claro que las fuerzas conscientes y progresistas no pueden ni deben, quedar de brazos cruzados. De hecho, a partir del resultado electoral en Costa Rica, hay una especie de rearme moral y revitalización del espíritu de lucha, el cual se manifiesta gradualmente de muy diversas formas en medios tecnológicos de comunicación social.  Y es que no se trata sólo de resistir, sino también de avanzar. Afortunadamente en este sentido, que hay un sector de la población, representado en la Asamblea Legislativa, pero también grupos en el Poder Judicial y otros espacios, que con su ejemplo y proceder, permiten que se mantenga la fe y la esperanza, de no claudicar ante las fuerzas más conservadoras y de evidente corte autoritario, que buscan enraizar mediante el poder formal, en el país.  Entonces es importante reconocer, que existe un grupo respetable de costarricenses, que forman parte de ese bloque opositor, cuya alianza posibilita una capacidad de respuesta mucho más firme y diáfana, ante el gris momento que experimenta la democracia en Costa Rica. 

También es innegable, que existe una tendencia del oficialismo a entregarse a la dinámica impuesta por la política exterior norteamericana a partir de la segunda administración del Señor Trump, y que se caracteriza por un claro y pragmático afán mercantil, que procuran prevalecer, sobre los principios y valores, que alguna vez caracterizaron el humanismo liberal del pueblo norteamericano; trazado por los padres fundadores en esa importante nación.  Claro está, que el entorno es en la actualidad, muchísimo más complejo, y todavía es difícil ver la luz al final del túnel. 

Sí es  cada vez más evidente que Imponer reglas, desatender la vía diplomática en la resolución de conflictos, definir fronteras económicas de forma arbitraria, insultar y reprimir a quienes piensan diferente, son sólo algunos de los rasgos de esta situación que estamos viviendo y experimentando durante este primer cuarto, del siglo XXI.   A las jóvenes generaciones en particular les compete tomar en sus manos la estafeta y con su lucha y perseverancia, llevar en este caso, a la sociedad costarricense, mucho más lejos, de donde las pasadas y recientes generaciones lo hayan logrado.  La ciudadanía, las organizaciones de la sociedad civil, los intelectuales y los trabajadores en general, deben agruparse, para cumplir con el propósito que las condiciones actuales le exigen a la colectividad.  

En estos días que el planeta se encuentra embriagado de fútbol, a raíz del campeonato mundial, muchas personas están siendo distraídas sobre lo que realmente acontece en el seno de sus países. El fútbol opera como válvula de escape, pero también como sedante que dormita la conciencia colectiva. Afortunadamente ese evento esta pronto a concluir, y es posible, que por vía del choque; con la vuelta a la realidad, se retome el camino del cambio necesario. Y aun así, en ese acontecimiento planetario, también se han visto plasmados, comportamientos excepcionales, por parte de quienes han llamado la atención; en el campo de juego así como en las conferencias de prensa, sobre la injusticia, los prejuicios y otros flagelos, que afectan en el presente a la humanidad. Se han abierto entonces, espacios interesantes de atención, que hoy recorren las redes sociales, como verdaderos disparadores de conciencia. Eso está muy bien. 

Es posible que la sociedad global empiece a moverse pronto al punto de retorno del péndulo, razón por la que acá, educadores, empleados públicos, intelectuales en general, amigos de la cultura y el arte, se manifiestan cada vez con mayor frecuencia; aunque este proceso tome algún tiempo para empezar a modificar su curso.  Es notorio en esta dinámica de cambio, que ahora pesa más la organización inteligente, que va de la mano con la carga emocional y el inmediatismo, razón por la que ahora es imprescindible profundizar más también, en estos fenómenos. 

Acá, bajo la actual administración, nos acercamos al término del período de los cien días, sin que exista ninguna señal en el entorno de que las cosas van a cambiar desde adentro…y aquí, es precisamente donde se encuentra el espacio y la oportunidad de reacción, para los diferentes actores socio-económicos y políticos en reaccionar de forma articulada y coordinada. La esperanza no es por tanto, una condición pasiva para el cambio, sino todo lo contrario. Es tiempo de recoger de nuevo la estafeta de la seguridad social, de la seguridad ciudadana, de la calidad de la educación, de la infraestructura vial, del cambio climático, sólo por mencionar algunos temas estructurales relevantes, que afligen a los costarricenses.  La plena verdad es que este país merece un destino y un futuro mejor, pero lo inevitable es tener que construirlo con nuestra propia conciencia y participación ciudadana activa.