Editorial: ¿Qué hacer? El momento es ahora (podcast incluido)

Nuestros jóvenes tienen el derecho de ver un nuevo amanecer. No puede haber más demora en esa reconstrucción de la conciencia. El momento es ahora y todos debemos aportar, aún podemos.

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¿Qué hacer cuando cunde la frustración y el enojo a través de los errores acumulados, y cuando la democracia parece haber agotar vías  y opciones, o qué hacer cuando son los distintos sectores sociales los que asumen la tarea de trazar el nuevo rumbo, ante la ausencia de un  Norte por parte de quienes detentan el poder formal?

¿Qué hacer, cuando ha habido muchas decisiones que fueron postergadas porque la sociedad optó por vivir de réditos pasados; sin corregir el curso, o quizás por haber los partidos políticos extraviado su brújula en procura de un futuro mejor?

¿Qué hacer cuando los cambios graduales en la estructura misma de la sociedad se van gestando silenciosa e inexorablemente hacia nuevas avenidas de cambio, sin que nadie pueda deparar en ello,  o mientras los avances tecnológicos lo van transformando todo, hasta inclusive sustituir los hechos por verdades relativas y  muchas falsedades?

¿Qué hacer, cuando la arterioesclerótica burocracia ha invadido el cuerpo social por completo y cuando su incapacidad ha alcanzado techo. Cuando el cúmulo de errores se  amontonan ante la puerta del devenir, obstruyéndola y causando esa sensación de vacío y desconsuelo incuestionable en la colectividad?

¿Qué hacer, cuando una pandemia ha venido, no sólo a provocar desasosiego sino también  la pérdida de tantas vidas, además de destruir economías incipientes?

¿Qué hacer, cuando la institucionalidad parece haber quedado sin hálito y sus fuerzas han sido desvanecidas a propósito?

¿Qué hacer cuando se ha gastado todo el arsenal de conocimiento, así como las reservas morales, cuando la mediocridad política invade el cuerpo social y la esperanza languidece ante nuestros ojos?

Ante esas circunstancias, la primera responsabilidad es tener clara conciencia de lo que está ocurriendo y saber que,  podemos continuar empeorando o bien revitalizar al menos el orgullo y la dignidad nacional en alguna forma.  Quizás haya algún tiempo todavía para rectificar el rumbo, de asumir con honestidad las tareas inconclusas,  o de recurrir a alguna virtud aún escondida, para poder superar este momento.

¿Cómo transformar el enojo, el desencanto y la frustración en la materia prima para la reconstrucción de una sociedad, cuya suerte está ligada a una realidad mayor? Será posible que podamos actuar como si viviésemos alguna ínsula y lograr al mismo tiempo algún cambio trascendente?   Por supuesto que el desafío es enorme. Se requiere primero tirar los múltiples egos de muchos dirigentes a la basura, de abandonar comportamientos autoritarios y sobretodo asumir que “o nos salvamos todos o bien nos hundimos todos”.

Son quizás tiempos para un nuevo acuerdo social, de cambios radicales y profundos. Tiempos de abandonar los trajes viejos, emulando el poema de Jorge Debravo; aquel que se refiere a ese traje obsoleto que se ha adherido a la piel formando ya parte del cuerpo que lo anda. Tiempo de dejar las viejas prácticas y de hacer renacer una luz distinta en el interior de la conciencia. Y aunque nada de eso es ni será sencillo, es la única opción para  poder reiniciar el cambio que todos necesitamos sin excepción.

Nuestros jóvenes tienen el derecho de ver un nuevo amanecer. No puede haber más demora en esa reconstrucción de la conciencia. El momento es ahora y todos debemos aportar, aún podemos.

 

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