Primero es importante mencionar la cantidad de clientes afectados por fraude, quienes vienen desde hace rato, denunciando que los bancos no desean hacerse responsable de delitos informáticos que les afectan. Estos usuarios de sus servicios; muy molestos, alegan que los bancos no aceptan -teniéndola- ninguna responsabilidad, y es además falso, en criterio de los afectados, la argumentación que pretende hacerles ver culpables por las estafas cometidas en su contra. Los más conocidos bancos en los cuales se ha depositado confianza, hoy encabezan esta desdichada lista de entidades penetradas por delitos informáticos y que por igual, se niegan a resarcir a los afectados. Hay cierto cinismo.

Luego viene el Banco Central de Costa Rica, BCCR en un horrible abuso de sus competencias, y se dedica a recolectar toda información existente en la banca estatal sobre el estado financiero de los cuenta-correntistas y ahora sabe todo sobre ellos: salarios, depósitos, deuda, impuestos y todo cuanto se le ocurra indagar. Esto en horrible complicidad con otras entidades estatales y a espaldas, de los usuarios de sus servicios, es decir promoviendo la sustracción inadvertida de información. Claramente han dicho los representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI), que no es cierto lo hayan solicitado al BCCR; entidad que argumentó eso ante la Asamblea Legislativa.

Por ratos pareciera que en la institución responsable de la política monetaria, hay un extraño alineamiento, el cual permite que la autonomía pase por un túnel que va a dar directo a Zapote. Algunos decisiones, las cuáles debieran ser independientes por parte de su Junta; en virtud de sus potestades legales, lucen ser dadas por común acuerdo con el Ejecutivo. Al menos esto coincide, con las inclinaciones de concentrar información financiera por parte de Presidencia, y que a lo mejor se relaciona con usarla contra algunos de sus más enconados adversarios (Remember Baruch). Ni que decir también, aunque podría ser que no haya relación, el intento de vender el Banco de Costa Rica mediante un absurdo proyecto en sus fundamentos; iniciativa que viene directamente de la Casa de Gobierno. El proyecto fue rechazado, aunque con renovada insistencia se procura continuar en su afán.

De forma más reciente este “desmadre”; dado que no puede darse otro calificativo, a lo ocurrido en el Banco Nacional, sobre la aparente desaparición de varios miles de millones de colones. La sumatoria es que al parecer y con tanto descuido, hay acaso una voluntad interna y también externa, por minar la confianza de los costarricenses en la banca estatal que tanta confianza generó a los costarricenses por décadas. A lo mejor es parte de la misma estrategia, ligada al desmantelamiento institucional democrático. No lo sabemos, simplemente lo pensamos. Por eso hay que pregunta en voz alta: ¿Qué está pasando con los bancos del Estado? y ¿hasta dónde se pretende llegar con este evidente debilitamiento? Aparte de todo, sí sabemos que hay un Banco panacea y pomada canaria de algunos grupos económicos, el cual merece trato especial. También para algunos autócratas de la región. Le llaman el BCIE, y hoy por cierto Costa Rica aspira a su Presidencia.

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Por Redacción

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