Ligia Madrigal ha alcanzado la cima del Everest y con ello simboliza la lucha contra la más dura adversidad, la apremiante tenacidad para el emprendimiento y la inquebrantable superación contra los difíciles y complejos obstáculos de la cima a escalar. Su logro permite, subrayar el esfuerzo cotidiano de tantas mujeres, quienes de muy diversas formas han luchado quedando en algún peligroso trecho de la montaña, acosadas acaso por el frío más terrible que les acompañó en vida, e imposibilitándoles al final el logro de sus sueños más elementales. Lo que sucede es que en muchos casos ese ambiente de animosidad no es natural, sino causado por la cultura machista y por la despreciable narrativa y acción violenta que se cultiva en ella.

Esta alpinista con su hazaña por tanto, se constituye en un faro de luz para muchas mujeres, y en general para todas las personas, que se levantan cada día con las heladas temperaturas de su entorno, rodeadas por las empinadas cuestas de lo cotidiano, y con la peligrosidad de sobrevivir en compañía de alguna bestia que se les aproxima. La imagen de Ligia en la cumbre del Everest, es por tanto un hecho que de ninguna manera debe pasar por desapercibido, y mucho menos en el ambiente de las intrascendencias cotidianas; algunas de ellas creadas artificialmente para distraernos sobre lo sustantivo.

Ver la cima en los sueños, en la mente es el primer paso para ascender, para ignorar y sobre todo para trascender. La preparación exige disciplina, adaptación a condiciones que conspiran de forma constante, se demanda el equipo tanto humano como material necesario, pero ante todo, la condición física, mental y espiritual que requieren las grandes empresas. Algunas veces no sólo se trata de ambiciosos proyectos, sino de la lucha cotidiana por la sobrevivencia diaria; esa que enfrentan las mayorías en desventaja económica y social. Costa Rica debe celebrar entonces y tener muy presente lo logrado por esta madura atleta de cincuenta años y hoy constituida en ejemplo insigne de perseverancia.

Ante esta horrible ola de violencia que enfrenta Costa Rica y que resulta en tantos femicidios, es importante asociar varias lecciones necesarias, fruto de las dificultades enfrentados por Ligia. Una es la fortaleza para asumir adversidad, otra la imperativa urgencia de ser parte de un equipo de personas confiables. No se pueden superar las dificultades más complejas y en este caso las siniestras sino se está en la posibilidad de tener conciencia de formar parte y de trabajar en equipo. Siempre hay otros que pueden ayudarnos a escalar a la cima, o bien a alcanzar la vida plena que es el mayor de los logros a ser alcanzados por las personas. Otra, la de contar con el patrocinio y el soporte, tarea que en este caso le corresponde indiscutiblemente al Estado; generando mecanismos e instrumental para salir adelante. Es indispensable proveer ese soporte necesario que demanda la población femenina, más vulnerable a la violencia y en este caso específico; aunque no exclusivamente, a las más jóvenes.

La cultura machista experimenta una importante bofetada, cada vez que una mujer logra una hazaña por merito esencialmente propio, que muchos hombres jamás habrán de alcanzar. En adelante la voz de esta mujer va a sumar con fuerza, cuando incentive a muchas otras a conseguir similares hazañas en el ámbito en sus propias vidas. Su Everest significa paradójicamente la simple posibilidad de ser aceptadas en su esencia y en su quehacer, cima que por momentos luce inalcanzable en el misógeno contexto en que les ha correspondido ser y vivir. Esto por cuanto que la adversidad no sólo es un fenómeno natural, sino también provocado y gestado en la cultura misma que conspira contra la realización.

Hoy Ligia Madrigal, ayer Warner Rojas, pero lo significativo son las enseñanzas que derivan de logros de esta magnitud…sólo así se pueden comprender todos los factores que entran en juego cuando se procura trascender, lo cual aplica también para la sociedad como un todo en tiempos y condiciones turbulentas. Es un paso más el dado por ella, que nos llena de esperanza, y por cuanto su logro, resume el sentimiento de todo un pueblo ante la emergente adversidad. Le agradecemos por tanto la parcela de ilusión que ha creado con su ascenso a la cima más alta del mundo, porque en ella vemos la Patria misma en su denuedo ante lo negativo, para salir adelante. Hoy esta valiente mujer es Costa Rica, simbolizada ante los riesgos, los peligros y la incertidumbre que nos circundan. La ruta para la reivindicación demanda grandes esfuerzos y sacrificios, porque de otra manera imposible: Gracias doña Ligia.