Editorial: ¿Qué sucede realmente en el Poder Judicial? (Incluye podcasts)

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En varios medios de comunicación durante el fin de año y principios de este, uno de los gremios más influyentes del Poder Judicial ha denunciado una peligrosa concentración de poder y ha denotado la importante división que se ha venido manifestando ahí dentro, donde al parecer; según su criterio, prima el interés por favorecer tendencias internas con vínculos externos muy cuestionados y de dudosa reputación, que han echado raíces allí dentro.

El Diario Extra dio cuenta a finales del año pasado, sobre el resultado de una votación interna que dejó claramente evidenciada las dos claras tendencias de intereses contrapuestos en la Corte Suprema de Justicia. Ahí se expresó una gran preocupación. Eso, más  ahora la presurosa y anticipada designación en la reelección de la Vicepresidenta del Poder Judicial Patricia Solano, la cual parece obedecer no a un consenso relacionado con la calidad o los atributos que amerita el cargo, sino más bien como disfraz de cuota de género, refleja quizás la manipulación de fuerzas internas con vínculos a partidos y personajes con intereses políticos de sobra conocidos.

La propia Señora Solano confirma, no sólo la amistad con don Juan Diego Castro sino que toma café con él, al parecer con menuda frecuencia. ¿Debería ser esto o no motivo de preocupación?  ¿Significa esto acaso, que hay un importante nivel de influencia, la cual  suma al ya existente con la política partidista y por su medio con la misma Asamblea Legislativa? Porque lo cierto es que uno toma café con los buenos amigos, sólo que obviamente los cargos de esta naturaleza,  ameritan una delicada prudencia sobre las relaciones, lo cual es obvio. “La mujer del César no sólo debe serlo, sino también aparentarlo”, máxime cuando el César es la Corte Suprema de Justicia misma.  Cabe entonces cuestionarse qué y a quién representan en realidad la Vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia y sus amigos de adentro.

Ha sido notorio además en el Poder Judicial, el interés en sobredimensionar su reacción a nivel público en torno al favorecimiento de los privilegios y prerrogativas en sus pluses salariales, por lo menos con mucho más ahínco, que el impulso hacia las reformas sustantivas, que conducirían a una decente administración de justicia y de ordenamiento interno, que tanto se le debe a los costarricenses.

Sus importantes comisiones para ese propósito se mueven, quizás por conveniencia, muy lentamente. El III Informe del Estado de la Justicia del Estado de la Nación es muy revelador en otros aspectos que afligen a la administración de justicia y que son no menos relevantes. La misma Sala Constitucional tiene una fuerte deuda en la resolución de las acciones de inconstitucionalidad y generalmente en temas relevantes o muy sensibles, como indica otra de las fuentes.

En el 2018 el 70% (582 casos) fueron declarados inadmisibles, resoluciones que por ende no son analizadas por el fondo o sólo 124.  La Sala Tercera a raíz de lo acontecido recientemente con su Expresidente el Magistrado Jesús Ramírez y la designación en la Magistrada Solano, también evidencian las cosas inauditas y turbias que acontecen allí.

Algo apesta en Dinamarca, y ello podría ser la expresión sobre algo grande y profundo que se gesta internamente y no necesariamente en bien de la justicia ni por tanto en pro del fortalecimiento de nuestra endeble democracia. A lo mejor también la decencia y la dignidad estén perdiendo terreno en esta pata del banco, estratégica al Estado Democrático y Social de Derecho.

En un artículo reciente de don Walter Antillón, escrito hace tiempo y al que tituló  “La luz en la ventana” indicaba entre otras cosas  y refiriéndose a la intensidad por la pasión a la justicia que tenía don Fernando Coto Albán, Magistrado Expresidente de la Corte,   “Estarán los jueces actuales dispuestos a dejarse abrasar por aquella rara pasión de la Justicia? Cuáles de ellos llevarán de nuevo aquella luz a la ventana?

El país no puede subsistir si no tiene jueces como éste que ahora nos han dejado. Digamos entonces una oración por él, y también por nosotros”.  Y no dudamos que el nombramiento del Magistrado Fernando Cruz no haya sido importante nuevamente y que su despacho sea muy posiblemente “la luz en lo alto, la ventana iluminada” a la que, en nuestra interpretación, se refiere don Walter Antillón.

Sin embargo, parece, que pueden más las conspiraciones y los vericuetos de internos intereses, que el propio liderazgo de don Fernando y del de quienes desean enderezar el rumbo del Poder Judicial; tan torcido y extraviado como casi el resto de la institucionalidad.

Se debe poner atención imperativa a lo que sucede en el Poder Judicial y porque no hay duda que las tendencias autoritarias se refugian fácilmente en sitios tan estratégicos y cruciales al sistema democrático como lo es éste. Sobre todo, cuando desde adentro podría haber quienes se encuentren dispuestos a sacrificar lo que sea de nuestra vilipendiada institucionalidad democrática, para figurar o bien por lo que sea.  Ojo.

 

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