Editorial: ¿Quién es quién en esta bronca?

Saber realmente que está pasando, asumir responsabilidad y fomentar la participación constructiva no es un tema menor. Se hace necesario reposar el pensamiento, de contar con el concurso de líderes visionarios, o bien que cada quien aprenda a informarse y pensar en serio, o tratar de hacerlo coherentemente e incidir, para progresar

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Los acontecimientos de estos días, sin subestimar en lo más mínimo las condiciones del entorno, obligan necesariamente a tratar de discernir en torno a la participación de diversos grupos que juegan un papel importante en la situación de turbulencia generada en días recientes, y que posiblemente seguirán haciéndolo.

Hay quienes actúan por enojo y frustración, y esas son sus armas ante la impotencia de no ver satisfecha sus necesidades básicas, y se les identifica por su  espontáneo “cabreo”. Hay quienes lo hacen, porque se aferran exclusivamente a sus intereses y les importa un bledo la suerte de la otredad.  Actúan posiblemente bajo la premisa simple de: “me salvo yo, que se hundan los demás”. Están aquellos quienes abogan por incidir mediante reformas sustantivas y acciones importantes en lo político; procurando cambiar el estado de cosas de forma consciente y estimulando la participación ciudadana. Su comportamiento es por la búsqueda de opciones para una sociedad posible; ajustada a los tiempos y que conduzca a Costa Rica a buen puerto.

Hay también fundamentalistas que desprecian a los demás por no pensar y creer en lo mismo que ellos, y sólo luchan por hacer prevalecer los prejuicios de sus iguales. Anhelan posiblemente una sociedad creyente, ajustada a dogmas y sujeta por consecuencia a profetas de turno. Hay dirigentes enquistados de organizaciones sociales, quienes disfrutan cada momento de crisis y se perpetúan en la hamaca de añejas consignas. Son aquellos que aunque desprecian el sistema en que viven, tratan de usufructuar todo cuanto de él puedan, embarcando a otros e inspirándoles en sus perpetuas teorías conspirativas. Hay quienes se esconden en el poder formal, para desde una posición confortable; desde su sitial público (o privado), esperar que la sociedad obedezca a postulados teóricos; eso sí de espaldas a la realidad. Su actitud también tiene consecuencias. Están aquellos a quienes molesta el poder de cualquier forma y pretenden destrozar toda manifestación de autoridad. Aman la anarquía y eso les excita. También están aquellos que añoran el pasado, la sociedad civilista, democrática, pacífica e idílica y por tanto su lucha actual, siempre tendrá esa pretérita inspiración. Están los que andan con la calculadora electoral en la mano desde ahora, pero también los constructores; aquellos quienes luchan cada día para que las cosas mejoren para ellos y otros, son amantes de la solidaridad social.

Lo cierto del caso es que este conjunto de “pensares y sentires” conforman el espectro de la realidad política actual. Todos esto actores hacen de alguna manera, que la nave social navegue sin rumbo cierto, porque el timón está en demasiadas manos y entregado  a un caleidoscopio de aspiraciones.  Y es aquí sin embargo, en una coyuntura tan compleja como la presente, en la cual concursan tantos intereses y medran además tantas idioteces (estimuladas por redes sociales) y espíritus pusilánimes, cuando las mentes preclaras, las personas de conocimiento, los seres humanos con mayor sensibilidad y responsabilidad social están obligados desempeñar un papel fundamental. Nadie critica la buena fe, pero sí las malas intenciones igualmente abundantes. La discusión ideológica por supuesto es bienvenida ante los acontecimientos y por supuesto no sobra, sólo que no pareciera ser la cuestión que preocupe a la mayoría de estos actores sociales.

Muchos de ellos, a los que se trata de identificar por sus roles, protagonizan,  a sabiendas del vacío y de la nada que deambula por la sociedad del presente, a la que Henri Rieben caracteriza con el epíteto de “Kitsch” por cuanto hay demasiada cursilería, argumentación que se nutre de la nada en una feroz sociedad de consumo, vaciada de contenidos. Consumismo barato alimentado de noticias falsas, de verdades relativas, de mentiras a granel que enturbian el pensamiento y fomentan la ignorancia, haciendo de esta un actor inevitable.  La salida del Ministro de Educación tiene algunos de estos ingredientes.

Saber realmente qué está pasando, asumir responsabilidad y fomentar la participación constructiva no es un tema menor. Se hace necesario reposar el pensamiento, de contar con el concurso de líderes visionarios, o bien que cada quién aprenda a informarse y pensar en serio, o tratar de hacerlo coherentemente e incidir, para progresar. El asunto es propiciar una forma de orientar a la colectividad, o por lo menos incidir en el círculo de propia influencia. Todo ello orientado a la búsqueda de un puerto seguro donde la sociedad costarricense pueda de nuevo  atracar.

 

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