Editorial: Reflexión navideña…y antes de un nuevo comienzo.

Feliz Navidad y Venturoso Año, lleno de luchas y de logros, de compasión y solidaridad para poder cambiar lo que se deba cambiar. La Revista promete por su parte en el 2020, continuar siendo un espacio importante de pensamiento, una ventana necesaria para contribuir a ser mejores y en  una tarea donde no hay tregua de ninguna especie. Ese seguirá siendo nuestro humilde aporte.

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Nos parece que el tiempo concurre cada vez más veloz y este año no ha sido la excepción. Con él se marchan muchos sinsabores e igualmente muchas satisfacciones. Aunque los costarricenses siempre añoramos otros tiempos, que se encuentran en algún sitio cada vez más distante de nuestra mente y de nuestros corazones, lo cierto del caso es que la añoranza es insulsa y el presente; que toca la puerta del mañana, es realmente lo importante.  Evocar el ayer, no puede evitarnos soñar en grande, por cuanto el porvenir está siempre a la vuelta de la esquina.

Desde otra perspectiva creemos posible cambiar el pasado con determinación, siempre y cuando tengamos claro que Hoy es en realidad el pretérito de ese mañana. No es un trabalenguas, es una hermosa realidad que debe motivarnos a la acción. “No hay tiempo para perder más tiempo” decía un enfermo radiante de optimismo, a pesar de ser acosado por una enfermedad terminal. En alguna medida esa frase, valorando su intención, refleja un lujo que nadie puede darse. Este año que concluye por ejemplo nos hará recordar muchas situaciones quizás no tan gratas para la colectividad, pero igualmente induce a tener presente que la lucha cotidiana continúa siendo lo cierto. Tenemos la responsabilidad de actuar pensando también en los demás, porque sólo por medio de la acción colectiva inteligente los años venideros podrán ser mejores.

Los costarricenses  recordaremos posiblemente el 2019, como el año de la reforma fiscal, de la violencia excesiva, de una aguda intolerancia, de un consumismo aberrante y de incontables discursos vacíos. Muchas de estas cosas igualmente ocurren en el resto de la aldea global. Nos hará tener presente posiblemente, que la seguridad social se encuentra en declive o que la justicia a lo mejor está lejos de ser pronta y cumplida, y que las congojas se han multiplicado,  pero también que el 2019, ha sido un año en el que muchos costarricenses se han aferrado a sus creencias y convicciones religiosas con una gran fe y en otros casos traducida en enorme solidaridad social. Las marchas contra la violencia, en pro de la salud, por el empleo, el respeto a la vida,  así como por la tolerancia o por el ambiente, tampoco han sido menores. En todo caso, cada quien actúa en la esperanza de sus propias convicciones. Las personas procuran dar un sentido gregario a sus valores o bien a sus propios prejuicios, y eso es inevitable.

La esperanza eso sí, pensando desde ahora en el próximo año, es un engañoso intangible. Esperar siempre es insuficiente, mientras que luchar y hacerlo con criterio mancomunado, es lo que nos puede conducir a sitios pletóricos de  esperanza. Las condiciones del país son ciertamente difíciles y eso exige mayor participación de las personas conscientes.  En La Revista también lo sabemos y por eso contribuimos todos los días con nuestro pensamiento, poesía, eventos políticos y culturales o bien con nuestros mensajes. El proceso de construcción debe ser permanente.

Ha sido un gran año para el proyecto y sus altruistas colaboradores, por cuanto acá la paga, es la satisfacción del deber cumplido  por medio de la palabra traducida en acción esperanzadora.  La certificación de Sello de Garantía otorgado por el Colegio de Periodistas, el incremento de los lectores o nuestra alianza con Project Syndicate, así como la participación en  eventos políticos y  culturales con Vladimir, Sagot, Mejía, Rudín, Guardia y Benavides, son algunos ejemplos de esas grandes satisfacciones obtenidas. Detrás de todo esto la inspiración en el pensamiento del Profesor Rodrigo Madrigal Montealegre siempre estará presente.  Para La Revista ha sido un gran año y lucharemos porque lo siga siendo por mucho tiempo.

Debemos pensar en el 2020 con la idea de dar más de nosotros mismos en la lucha contra la crisis climática, así como realizar mayores sacrificios desde todos nuestros espacios de participación. Las circunstancias y el entorno así lo ameritan.  Procurar la esperanza luchando y actuando cada día o en cada momento, es el mejor obsequio que podemos darnos y darle a esta sociedad urgida de transformaciones. A la causa superior se llega fácilmente siempre y cuando haya  voluntad y determinación en construir y haciendo lo mejor, siempre. En ésta época de reflexión, de amor y de paz espiritual, vamos a dedicar algunos pensamientos en silencio, que se conviertan en propósitos para el 2020.

Feliz Navidad y Venturoso Año, lleno de luchas y de logros, de compasión y solidaridad para poder cambiar lo que se deba cambiar. La Revista promete por su parte en el 2020, continuar siendo un espacio importante de pensamiento, una ventana necesaria para contribuir a ser mejores y en  una tarea donde no hay tregua de ninguna especie. Ese seguirá siendo nuestro humilde aporte. Que Dios nos ilumine.

 

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