Editorial: Rojas

Hay que buscar los responsables, pero estos no son individuos, son grandes intereses, de esos que vomitan y eliminan a personas  decidas y valientes

0

Todo asesinato es inadmisible, repudiable, horroroso,  pero por alguna razón hay unos que llegan más que otros. Este es el caso del ciudadano Sergio Rojas que allá en el Sur, aparte de sus pecados, siempre llevó a cabo una lucha por la defensa de los derechos de sus hermanos indígenas.  Desde hace tiempo los más codiciosos tratan de irrumpir en los territorios indígenas, usurpando sus tierras y estrujando a la naturaleza; destruyendo en un afán imparable de lucro.  Nos recuerda la muerte de Chico Méndez en Brasil  o el de Berta Cáceres en Honduras, esos seres luminosos que no sólo buscan proteger a los suyos sino también a sus hermanos menores, esos que no pueden ejercer su legítima defensa, o bien a su amado bosque.

Y es que cuando se habla de la defensa de los derechos humanos de determinados grupos de personas, sucede que hay otros, esos que viven en condiciones de exclusión, de pobreza o bien por ser culturalmente diferentes, pero que desde el punto de vista geográfico, viven en lo que llamamos lejanía y entonces sufren mayor asedio, la intimidación y el asesinato. La época que vivimos aunque difícil no nos exime de responsabilidades, ni tampoco del afán de procurar justicia. Hay que seguir en esa dirección.

Hay asesinatos que sacuden la conciencia nacional y aunque de esos ha habido relativamente pocos en Costa Rica, la verdad es que  también se han dado. Nuestro mal mayor sin embargo continúa siendo en estos casos, la más absoluta impunidad.   Con una pérdida como esta en realidad perdemos todos, la batalla por la racionalidad y la justicia se va esfumando y eso no sólo es lamentable, es verdaderamente triste.

No puede haber ciudadanos que sean más iguales que otros, no puede haber tanto cinismo e indiferencia como para que no ocurra nada. Hay que buscar los responsables, pero estos no son individuos, son grandes intereses, de esos que vomitan y eliminan a personas  decidas y valientes, a los  justos. Cuando un pueblo opta por el cinismo, la perversidad es mayor, y la persecución se vuelve implacable.

Siempre hay que tener presente al poeta inglés John Dohme, en aquel famoso poema que dice, cuando oyes que doblan las campanas, no preguntes por quién doblan, porque doblan por ti, teniendo presente que con la partida de alguien así, se disminuye el Continente de la Humanidad.

Hay que tener viva la imagen de Rojas y esta muerte no puede quedar impune y  dar con los responsables intelectuales, tárdese lo que se tarde.

Y entonces no preguntes por quién doblan las campanas, porque lo hacen por ti.

 

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...