Editorial: Romeros y milagros. ¿Creer en ambos?

Llama positivamente la atención, que en momentos donde pareciera prevalecer un enorme pesimismo y una fuerte carga negativa en la colectividad en virtud de la situación actual; en un entorno cada vez más contaminado de maldad y de cosas terribles que ocurren a diario en Costa Rica, que cientos de miles de peregrinos acudan al llamado espiritual.

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Es innegable el movimiento y fuerza de fe generada por decenas de miles de costarricenses que este año; tras dos de ausencia por motivo de la pandemia, se han acercado en peregrinación al Santuario de la Virgen de los Ángeles en Cartago.

Los testimonios y las motivaciones expresadas por peregrinos de varias generaciones simbolizan, sin duda alguna, esperanza colectivizada ante los tiempos complejos tanto a nivel global como local. Muchas de las historias narradas por los protagonistas son  ciertamente conmovedoras y su autenticidad es rubricada por la gratitud que experimentan hacia lo intangible.

Hace un tiempo un sacerdote de la Basílica, consultado sobre el tema de los milagros de La Negrita, solicitó al grupo de feligreses reunido en el altar mayor,  tornar la vista hacia la entrada principal; les pidió que cerraran los ojos, indicándoles que por un momento imaginaran las multitudes que han atravesado el umbral hacia su encuentro con la imagen sea caminando o de rodillas hacia el altar.   Señaló en forma muy coloquial… que tanta fe con tanto fervor, por cientos de miles de fervorosos creyentes y depositados con tanto amor en la pequeña imagen durante varios siglos, le da a ella la energía y poder suficiente, como para producir los milagros que se le atribuyen. En otras palabras: el amor, la fe y la energía pura de los millones de romeros, ha provocado la alquimia espiritual necesaria en La Virgen, como para producir acciones poderosas capaces de transformar la vida de las personas en instantes. Hay por tanto  una relación simbiótica entre La Negrita, su poder,  y la de sus devotos.

Llama positivamente la atención, que en momentos donde pareciera prevalecer un enorme pesimismo y una fuerte carga negativa en la colectividad en virtud de la situación actual; en un entorno cada vez más contaminado de maldad y de cosas terribles que ocurren a diario en Costa Rica, que cientos de miles de peregrinos acudan al llamado espiritual. Algunos viajaron durante días con su cuerpo, alma y pies maltratados,  para llegar hasta el altar de la Basílica y postrarse con humildad ante la pequeña efigie de piedra verde  brillante; aquella en forma de madre con un niño con la mano sobre su pecho.

Quizás existe en el entorno, la fuerza necesaria para revertir tantos aspectos negativos de la vida cotidiana, y desprendan a nuestra aldea de esa intensa carga contaminante para impedir la debacle, como para que esa energía positiva y simbiótica entre la Virgen de los Ángeles y sus fervorosos creyentes, sea capaz de hacer el milagro que todos anhelamos, sin dejarlo al azar de la política, la economía o la dinámica social. La verdad es que estos pueden suceder en cualquier momento y circunstancia; quizás hasta lleguen cuando más se les necesite. Por eso hay mucha lógica en lo planteado por el sacerdote de la Basílica, y llegar a algo que nos permita cambiar de rumbo al contribuir cada quien con sus actos y fe hacia lo supremo, hasta que  ocurra un verdadero milagro. No lo sabemos pero podemos creer…

 

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