Editorial: Santa Regla Fiscal…

Estos días, al menos ha quedado al parecer bien claro que este instrumento es tan sólo uno más, el cual igualmente debe ser ajustado a la nueva realidad...sólo un instrumento más; no el principio y fin de la estabilidad de las finanzas públicas.

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Oh regla fiscal, cuántos crímenes se han cometido en tu nombre.

Aquellos quienes la promovieron a la luz de la nueva ley de las finanzas públicas, apelando a la importancia del control del gasto y la sostenibilidad, terminan hoy aplaudiendo cuando sacan a alguna entidad de su aplicación.

El Presidente y el Ministro de Hacienda, hablan en su nombre cuando les conviene a veces contradiciéndose y ejecutándola a medida de sastre. El FMI también ha optado por concluir de alguna forma que es mejor su aplicación justiciera por parte del gobierno de turno, que tratar de promover un nuevo proyecto de ley que daría al traste por completo el espíritu de contención, bajo el cual fue diseñada.

Lo que es cierto, es lo planteado en estos días por parte de la Contraloría y algunos legisladores, en el sentido de que este instrumento; está siendo utilizado hoy como fetiche y convertido, más o menos, en el «Coco» para algunas instituciones y gobiernos locales, y dejando de lado que «la regla» es simplemente un medio y no una finalidad en sí misma.

Debe recordarse, además que como herramienta, fue formulada antes de la pandemia; bajo otras condiciones del entorno socio económico. La regla fiscal, como instrumento de la Ley de las Finanzas Públicas (9635) debió haber estado acompañada por tanto, de importantes cambios estructurales y por supuesto de una clara política de reactivación económica, que el país continúa pidiendo a gritos:

La Ley de Empleo Público, la revisión a fondo de los destinos específicos y de las exoneraciones otorgadas por el Estado y que se han mantenido sin criterio técnico alguno durante tantos años, son igualmente instrumentos que de ajustarse y corregirse permitirían en el mediano y largo plazo dar sostenibilidad a las finanzas públicas. Todo ello sin dejar de lado la evasión y la elusión tributaria a la que debe hacer frente «hacienda digital» como medios fundamentales para dar respuesta a esos fenómenos de orden estructural.

La parte compleja tiene que ver con la gobernanza, es decir con la capacidad de lograr acuerdos entre los distintos sectores de la sociedad para poder avanzar y más específicamente para salir  del hoyo negro en el que estamos cayendo. Esto significa que las medidas estructurales deben partir de un nuevo acuerdo social; a partir del cual se establezcan a la vez las prioridades nacionales, y en donde la educación, la salud y la seguridad juegan un papel trascendental para las nuevas generaciones de costarricenses y para los adultos mayores que son cada vez más.

No se puede mantener, por tanto tiempo ensañándose contra la regla fiscal como sí esta fuese la razón de todos los males. Vaya majadería. Cuando aprenderemos a tomar al toro por los cuernos, y cuándo a que los tomadores de decisiones asuman la responsabilidad que les corresponde en la atención de la causa de los verdaderos males.

Estos días, al menos ha quedado al parecer bien claro que este instrumento es tan sólo uno más, el cual igualmente debe ser ajustado a la nueva realidad…sólo un instrumento más; no el principio y fin de la estabilidad de las finanzas públicas.

 

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