Editorial: se sabía, tendríamos Ortega para rato

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Desde este medio hemos seguido desde abril el desarrollo de la crisis política en Nicaragua, la cual se ha caracterizado por las violaciones a los Derechos Humanos y las libertades civiles.

Daniel Ortega, quien llegó al poder por las armas y gracias al ininterrumpido apoyo de Cuba, ha propiciado una escalada de violencia cuyo resultado más grave ha sido la muerte de cientos de personas -jóvenes en su mayoría-, por oponerse a su régimen.

Convertido en dictadura al mejor estilo “Chavista”, secundado por el apoyo de los “hermanos” cubanos, especialistas en someter y acabar con cualquier rastro opositor, a cualquier precio cada día se consolida más y más, sus aliados no lo dejan solo.

Estos días nos sorprendieron los allanamientos y cierres de organizaciones de Derechos Humanos así como del medio de comunicación “100% noticias” y la detención de los periodistas Miguel Mora, Lucía Pineda, Joseph Hernández y Gustavo Serna.

Según el Ministerio Público de Nicaragua a Miguel Mora se les acusa de “ejecutar la acción de fomentar e incitar al odio y la violencia, acciones que encuadran en el tipo penal de provocación, proposición y conspiración para cometer actos terroristas conforme está establecido en el Artículo 398 del Código Penal” (VOA).

Estos hechos forman parte de la historia de nunca acabar del régimen dictatorial de Daniel Ortega y familia, aferrados al poder debido al fraude, coerción y hay que decirlo, compadrazgo con ciertos sectores del capital, beneficiados de esta alianza mafiosa.

Ah y todo esto ante una oposición desmembrada e incapaz día a día de poder articularse en un movimiento donde el interés común sea el volver a la democracia, hacen difícil imaginarse cambios en el actual tablero.

Lo que más le llama la atención a este medio es la pasividad con que los costarricenses reaccionan ante hechos ocurridos a menos de 500 kilómetros de nuestra capital.

Pareciera que a nadie o a muy pocos nos interesa ver más allá de nuestra nariz, la pasividad invade todas las esferas, siendo la gubernamental parte de la lista.

Nos preguntamos:

¿Qué ha hecho realmente el gobierno de la República en materia de política exterior frente a los acontecimientos en nuestro vecino país además de unas parcas declaraciones para la “gradería”?

¿Dónde están las fuerzas “progresistas” defensoras de sus Derechos Humanos, pero no de los del amplio género humano?

¿Tendrá algún efecto el discurso en los foros diplomáticos continentales, cuando hemos visto por décadas que dictaduras como la venezolana y cubana han permanecido inmunes a medidas diplomáticas y comerciales?

Triste moraleja:

Todo desafortunadamente pareciera llevarnos a pensar que nada pasará, Ortega seguirá aferrado al poder político -el económico nunca lo ha soltado-, no negociará con nadie, porque tiene la fuerza para aplastar a cualquiera, haciendo relucir su falsa legitimidad institucional y el uso de la represión.

La Cancillería -sin Canciller- tiene que retomar de forma decidida y contundente nuestro tradicional guión, porque somos pacifistas, respetuosos de los Derechos Humanos y de las libertades civiles.

No podemos dejar los principios fundamentales de nuestros diario vivir engavetados por negligencia, incapacidad, cálculo político, complacencia o incapacidad.

 

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