Editorial: Sin ejército pero muy violentos

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Posiblemente la conquista política más importante del Siglo XX  en Costa Rica fue la abolición del ejército, mérito atribuido a Don José Figueres Ferrer. El país se mostró al mundo como una verdadera sociedad culta y civilizada. Era inédito el hecho que un comandante triunfador de una revolución decidiera acabar con la fuerza de sus armas y   de reinvertir a la vez esos recursos en educación y salud, y en rotundo beneficio de varias generaciones.  Esa hermosa gesta del ayer, es  hoy  una postal del pasado, rota por una nueva y violenta realidad social.

Cómo explicar entonces que todos los días sin excepción, mueren personas en impensables actos criminales. Cómo es que los homicidios, compiten en cantidad de balazos y bajo las más aberrantes  formas de aniquilación. Cómo entender esta manifestación cotidiana de violencia ante los ojos de una ciudadanía  estupefacta  y además vulnerable. Cómo es que periódicos y  noticieros de televisión, tiñen de sangre sus portadas y estudios todos los días del año,  con la  perversa lógica que eso forma ya parte del sustento psíquico social.  Cómo es que se ha desarrollado la morbosa adicción hacia las noticias sobre crímenes cometidos por sicarios y mafiosos. Cómo es que se da esa perversa frialdad para liquidar inocentes por el simple hecho de no entregar un aparato electrónico, o bien de entregarlo? o por hacer algún gesto de indignación, de defensa y  de impotencia.

La respuesta a todas esas interrogantes forman parte de una realidad social más integral, y trasciende el umbral de nuestra propia casa. Y es tan horrorosa como simple, porque el arma a fin de cuentas, no es aquella que se consigue en el mercado negro o por métodos delincuenciales,  o no aquella que cuenta con un gatillo, o que dispara pocas o muchas balas simultáneas. El arma mortífera es  la  mente enferma, esa repleta de pensamientos destructivos; incubados en entornos de marginalización y exclusión por la sociedad contemporánea.  El arma mortal es la ausencia de formación, de  educación y de oportunidades las cuáles se han venido abandonando gradualmente. Esa arma son las mentes de grupos de todos los estratos sociales sin excepción, y que poseen la suficiente obsesión por la materialidad, y  el consumismo a ultranza. El arma más destructiva es el espejismo de la sociedad material que triunfa sobre los valores, el humanismo y la espiritualidad rezagada en algún oscuro rincón del salvajismo interior, convertido en Dios.

Es responsabilidad de cada quien y de cada grupo, colectivo u organización, desarmarse de lo innecesario, desarmarse de intolerancia, de odio y resentimiento. Esa es la nueva utopia y sí esta sociedad; la nuestra,  pudo desarmarse materialmente a lo mayor pueda hacerlo del tangible basurero mental y de la contaminación moral de los tiempos, que le permita completar la faena. Esa tarea es de cada hogar, de cada escuela y de cada barrio u asociación  y también de cada quién. Sino es ahí, entonces dónde empezar?.  Costa Rica puede convertirse de nuevo en ejemplo del mundo, porque si esta  aldea pudo hacer algo maravilloso  a lo mayor pueda lograrlo de nuevo.

 

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