Editorial: Sobre delincuentes, troles y populistas (Podcast)

Aspiramos a una revitalizada democracia con ciudadanos conscientes, activos y actores de su propio destino, de ahí la importancia de reconocer al enemigo y de trascender como colectividad.

Hay algo común en esta trinidad, a los tres -estén o no en contubernio- conviene e interesa erosionar la institucionalidad, porque de una forma u otra es útil a sus intereses. Asaltan, desprestigian, deslegitiman, intimidan y atacan, lo cual incluye la dignidad de las personas. En América Latina, es fascinante ver cómo se da esa inequívoca conexión entre los fines de uno y su relación con los otros.

Los populistas usan el Estado para debilitarlo; promueven la venta de “las joyas de la abuela”, dividen, insultan, polarizan, se arrogan el poder y disfrutan del deterioro político y social. Se pasan mintiendo un día sí y otro día también. Eso no quiere decir que no gritan verdades de cuando en cuando, porque en efecto no se puede atribuir a ellos la gradual descomposición del sistema político partidista y la disfuncionalidad del Estado, así como otros males. Ellos le añaden a esa erosión, a través de su impericia y demagogia. Cuanto es cierto y cuanto mentira, se convierte además, en un ejercicio que no les interesa discernir ante la ciudadanía. Eso sí, les encanta intimidar e infundir temor. Son histriónicos.

Los delincuentes infunden miedo, y asaltan a la gente trabajadora. Como a los populistas y troles, les conviene que haya un Estado vulnerable e instituciones débiles. Ganar adeptos para los populistas también lo hacen los troles y conquistar a su modo a los más vulnerables, pero también entre las mentes simples. Se organizan y llevan adelante sus acciones en barriadas a sitios de enorme vulnerabilidad social, de donde por lo general surgen. Los delincuentes también usan el engaño contra sus víctimas. Claro que también hay delincuentes de cuello blanco y más allá…no es por tanto un fenómeno tan sólo atribuible a quienes carecen de oportunidades para delinquir.

Los troles son pagados para desprestigiar, para generar odio, para crear división y violencia, se pasan atacando a personas honestas y ensuciando y basureando cuanto tocan. Algunos lo hacen de oficio en virtud del ocio, del prejuicio o del veneno que ya hay en sus mentes y corazones, donde se guardan oscuros resentimientos. Habitan como parásitos en las redes sociales. Usan todo medio posible para ensuciar la dignidad de las personas y las personalidades, así como de quienes detectan que tienen algún rol de liderazgo positivo. Definen que un sector de la clase política; pero no exclusivamente, es su principal enemigo, a quien buscan igualmente virtualmente en su odio visceral. Presencialmente son agresivos.

La aspiración de los tres por separado; aunque coincidente a veces en los tres, es tener suficiente poder y concentrarlo a la conveniencia de sus propios intereses. Lo cierto es que populistas, delincuentes y troles, son parte inseparable del paisaje cotidiano y elementos negativos que corroen el modo de vida, la moral de los pueblos y el sistema político. Sí la Democracia era y ha sido una herramienta de superación para los pueblos, ahora se desdibuja y desvanece gradualmente la esperanza para recuperarla.

La ciudadanía y los pueblos en general debe aprender a distinguir el papel que juegan estos tres actores no accidentales en la realidad actual. Es importante hacerlo, porque constituyen a fin de cuentas una alianza perversa que carcome nuestra forma de vida, y disminuye la esperanza de poder encontrar el camino, el sendero al menos, por el cual debe transitar una maltrecha democracia en busca de una nueva identidad. Aspiramos a una revitalizada democracia con ciudadanos conscientes, activos y actores de su propio destino, de ahí la importancia de reconocer al enemigo y de trascender como colectividad.

 

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