Será entonces que el sector más consciente de la sociedad, se encuentre dispuesto a comprender y asumir compromiso para invertir en prevenir más que en lamentar?

Una publicación reciente en el diario El País titulada El imperio del fuego de García José Vicente, plantea una realidad muy actual, sobre el clima y el comportamiento humano en torno a los  grandes incendios, y a la vez nos deja una importante reflexión, la cual de paso, aplica para muchas cosas que están ocurriendo en la sociedad global y local. 

El asunto es que los pavorosos e incontrolables incendios que están teniendo lugar en España y en Francia ha movilizado cualquier cantidad de recursos humanos, equipos, bomberos, policía, fuerza aérea, etc. Algo similar ha ocurrido recientemente en Canadá, cerca de la frontera con los Estados Unidos y para preocupación de muchos futboleros, casi incide en la final del mundial. Similares noticias acaparan cada vez más las noticias internacionales. En California ocurre esto cíclicamente y cada vez con mayor fuerza. Todo ello acompañado de un anormal incremento de la temperatura. En Costa Rica igualmente el fenómeno se repite de tiempo en tiempo, y en días pasados una tragedia similar; un incendio de gran magnitud se dio en Palo Verde, el cual afectó en una primera valoración, un área comparable a cincuenta veces la Sabana.  

El artículo del periodista español, parte de una frase simple “Los habitantes del reino aprendieron una verdad sencilla: el futuro de los bosques no se decide cuando aparecen los incendios. Se decide mucho antes”. La premisa sobre la necesidad de contar cada vez con mayores recursos, materiales  y humanos para atender  realidades dramáticas del presente, venidas para quedarse y con tendencia a  agravarse, demanda cada vez más acciones inmediatas, recursos y equipo para atenderlas.  Fue durante una sesión pública para deliberar sobre la emergencia en una región determinada en España, cuando una anciana intervino, afirmando, que el problema no son los incendios. Ante la reacción burlona de los vecinos sobre su afirmación, añadió: “el problema es como hemos dejado el bosque desde hace mucho tiempo”. 

Lo cierto es que los incendios son cada vez más fuertes e incontrolables. El impacto del cambio climático incide a la vez en la sequedad, y las ondas expansivas de calor, también en la escasez del agua. Están por supuesto, quienes niegan la evidencia científica, o se enfrascan en discusiones ideológicas para explicar el fenómeno. Se ha generado una enorme polémica social, en donde cada quien se enfrasca en razones y soluciones, y mientras, se pierde valioso tiempo en tareas estructurales preventivas de mediano y largo plazo.  En ese remolino de acciones y culpas, se sigue desatendiendo la cuestión principal señalada por la anciana en el sentido de que todo problema hoy tiene causas anteriores y son cosas que por lo general son desatendidas (el bosque). Esto conlleva a que la respuesta y la solución a los problemas inmediatos y urgentes, se hace por lo general y aunque de forma positiva, acatando a la urgencia pero posiblemente vana con el tiempo, pues demanda más plata, más policías, más bomberos, más aviones…y en este caso sacar más agua de donde ya escasea. Y la prevención? 

Esto lleva a reflexionar profundamente, en virtud de las múltiples crisis que la humanidad está experimentando, sobre cuánto debe ser invertido en los efectos, o manifestaciones de la realidad, y cuánto  en la atención a las causas principales y al origen de las causas que le afectan. “Apagar incendios” se vuelve en lo cotidiano la cuestión principal, mientras que la experiencia y la realidad señalan que los desastres (de todo tipo) se incrementarán, cada vez con mayor intensidad en el futuro cercano. Ello exige que las acciones en los distintos esfuerzos y actores deben ser conjuntados y  preservar la energía en vez de emplearla confrontando, discrepando o tratando de imponer, es cuestión imperativa para enfrentar el futuro de la especie.  Será entonces que el sector más consciente de la sociedad, se encuentre dispuesto a comprender y asumir compromiso para invertir en prevenir más que en lamentar?