Editorial: Sobre Trump y Bolsonaro y otros

La reconstrucción del tejido social a través de la intensa participación activa y política es fundamental. Aquí de nada vale la neutralidad, ni la apoliticidad por cuanto esas son formas de seguir nutriendo esas fuerzas perversas. El momento feliz y necesario llegará, pero hay que empujar con toda fuerza en esa dirección.

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Hay populistas que se han apropiado del poder en esta parte del mundo, durante una época crítica del joven Siglo XXI. La misión de estos personajes, en Estados Unidos y Brasil,  está bien focalizada y asemeja en varias cosas: enriquecer bestialmente a las elites económicas, mantener contubernio con la industria guerrerista,  desarrollar un odio particular sobre migrantes y pobres y en mantener la sistemática destrucción del ambiente, aunque cada uno con sus particularidades. Y una característica inequívoca de estos liderazgos ególatras, es hacer de la mentira su “verdad” más absoluta, viven y se nutren de ella.

De alguna forma evocan la época más oscura del Siglo XX, con aquella reconocida frase utilizada por un lugarteniente de Hitler… “miente miente, que algo queda”. Y es que la mentira crónica, tiene para ambos y otros populistas, una fuerza importante, deliberada y destructiva sobre sus detractores, pues se valen de la ignorancia y de los acentuados prejuicios de sus adeptos como principal caldo de cultivo.

La mentira tiene a fin de cuentas, igual que su cinismo, el objetivo de destruir todo cuanto se oponga al imperio de su sinrazón y es un arma eficaz.  Debe aceptarse sin embargo, que un sector importante de la población; en la búsqueda de mitigar sus problemas y evidenciar su frustración a políticos tradicionales y corruptos, ha optado por este tipo de liderazgos; emocionalmente intensos, pero a fin de cuentas  más perversos, con terrible impacto a la colectividad y a la naturaleza.

Hoy en día la Estatua de la Libertad puede ser vendida en una venta de garaje o entregada a una gran chatarrera, por cuanto el actual liderazgo de la nación, ha desprovisto de cualquier sentido simbólico esperanzador, a quienes en vano, buscan que aquella enhiesta figura de la Isla de la Libertad, les ilumine el camino de sus sueño y anhelos.   El enorme Cristo Redentor por su parte, ya puede bajar los brazos y descender de Corcovado, porque su majestuosidad es hoy tan sólo, la sombra de la esperanza que se desvanece para muchos en Brasil.  La espada de Simón Bolívar, podría ser hoy tirada a la basura por el mismo prócer si resucitara. Aquella silueta sobre la Loma de Tiscapa podría ya caer al fondo de la laguna del viejo cráter y desaparecer para siempre, bajo la avergonzada presencia espiritual, de Augusto César Sandino.

En esta época gris de la Historia, pareciera necesario; quizás por divino designio, haber retrocedido a estos niveles insospechables, como para que la humanidad pudiese por si misma, salir del estado de shock y reaccionar; permitiendo a la razón y al humanismo, emerger con inusitada fuerza de su propia caverna.

El Ultra Neoliberalismo, ocupa hoy en día importantes espacios geográficos del Continente mientras una serie de otros populistas más pequeños pero no menos sátrapas, de una autoproclamada izquierda anti-imperialista, manipulan también el poder sobre las masas. Lo hacen a punta de mentiras y hasta usando brujería. Emplean igualmente la fuerza bruta contra cualquier oposición al régimen. Pisotean la institucionalidad del Estado, poniéndola al exclusivo servicio de sus intereses personales y familiares.

Hacen de la enajenación colectiva y la adulación una forma de vida, y el culto a la personalidad los enloquece.  Los liderazgos en los partidos políticos tradicionales mientras tanto, practican auto-exorcismo en silencio y se repliegan como para tratar de tomar impulso, con el propósito de añejar aún más sus propuestas, aunque maquillándolas bajo  el entorno ciertamente oscuro y complejo. Lo hacen sin mayor expectativa.

Y así, cumpliéndose con el principio del péndulo de la historia, que oscila de un lado a otro; de la izquierda a la derecha y de la derecha hacia la izquierda, las minorías conscientes, procuran conducirlo hacia el centro, en busca del nuevo momento, mientras procuran activar la ciudadanía escéptica y desconectada, sin la cual ningún cambio es realmente posible.  La gran tarea es entonces la lucha, primero por la verdad, esa que hace libres a los espíritus buenos, la misma que podría sacudir a una ciudadanía somnolienta y desconcertada. Se debe apelar asimismo a las juventudes con el propósito de inculcarles el amor por el estudio, el compromiso para luchar, la solidaridad social que les contagie, y  la energía para revitalizar ideales y el amor para avanzar sin ambages. Esta lucha, como en algún momento lo señalara el demócrata socialista Allende, no es generacional, es social y aquí caben todos: los de veinte y los de ochenta.

A estos personajes del Norte y el Sur les llegará su hora, como siempre ha sucedido, la hora de la verdad, nueva y distinta, en la que el ser humano sea fin y no instrumento, y donde la palabra sea agua fresca de fuente inspiradora. La reconstrucción del tejido social a través de la intensa participación activa y política es fundamental. Aquí de nada vale la neutralidad, ni la apoliticidad por cuanto esas son formas de seguir nutriendo esas fuerzas perversas. El momento feliz y necesario llegará, pero hay que empujar con toda fuerza en esa dirección.

Si logran destruir el Hogar, destruyen todo sustento de vida. Por eso es mejor pensar que así como la noche, la luz está siempre dispuesta a llegar,  de forma inexorable y en el momento preciso.

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