Antes nos comparaban, ahora debemos buscar compararnos con algunas naciones que se encuentren en mejor estado que la nuestra. La verdad es que nos estamos rezagando y difícilmente nos estamos reconociendo porque poco a poco nos hemos venido deteriorando como sociedad. Teníamos un inmenso orgullo por esta nación democrática, y sin embargo ahora nos sonrojamos cuando alguien de afuera nos pregunta ¿qué es lo que nos está pasando?

La gran preocupación. Tal y como ha sido expresada hace unos días por un buen grupo de costarricenses es perder a Costa Rica, y sí eso sucede eso significa llevarla a un punto de no retorno, siguiendo la senda del declive que ahora transitamos. Lo que es incomprensible es la indiferencia experimentada por la sociedad en su conjunto y que en vez de tratar de ser mejores optemos por ser peores. Qué nos pasó? En dónde fue que nos extraviamos? Por qué hemos llegado a estos niveles de abandono?. Pueden surgir muchas otras interrogantes y sin embargo aunque lo lamentamos, la tarea no es llorar sobre la leche derramada, sino recuperar bríos, tener vergüenza y reaccionar de alguna manera para ser mejores.

Ante la desazón colectiva, y considerando el hecho de que nos encontramos en el primer año de una Administración absolutamente distinta, lo que debiera ser es unir fuerzas y ayudarle al Gobierno en sus prioridades. El problema es que esas líneas de acción no parecen estar claras, y más bien hay una tarea constante de seguir revolcando las alfombras y buscar el polvo debajo de ellas. Y como ya lo hemos dicho no es que eso esté mal, pero sí entregarse por completo a eso y desgastar la energía más recursos sin llegar a ningún lado; haciendo pelear hasta la leche con el café como solía decirse sobre este tipo de liderazgos en América Latina. Esa actitud no parece tener sentido. Urgen políticas públicas integrales, con una visión de largo alcance en vez de reacciones y actos a los que sobra emocionalidad y les falta argumentación como para transitar de nuevo por el camino correcto.

Aí tan sólo se coincidiera en la importancia de conjuntar esfuerzos y establecer prioridades mediante políticas públicas y atención de las grandes prioridades para evitar un mayor rezago económico y social así como alcanzar el nivel de conciencia necesario en los diferentes actores sociales, podriamos “resetear” el país, para reiniciar y cerrar al mismo tiempo la horrible brecha, generada en unos cuantos lustros. Y sí se compitiera con el mismo espíritu deportivo que evidencia la cultura futbolera del país, de seguro estaríamos avanzando más rapidamente, porque sí fuera de la misma forma en que se dan esas rivalidades y esas luchas para un objetivo de triunfo, entonces todo sería distinto.

Busquemos las mejores referencias de sociedades en otras partes del mundo que están haciendo las cosas bien hoy en día. Importemos las buenas prácticas y sobretodo la actitud y los valores que nos permitan la transformación completa de la sociedad costarricense. Nos urge ganar tiempo para no caer en el vacío, ese que ya se divisa en el horizonte. Se necesitan señales que vengan de todos los actores sociales sin importar su fuerza o su tamaño. Es indispensable integrar los diferentes esfuerzos, aunque también la sociedad civil debe preocuparse por lo mismo y deba presionar al Gobierno del Presidente Chaves, para llegar a prontos acuerdos trazando nuevos derroteros.

Luchar con una mentalidad diferente, evitar desconfiar de todos y de todo, aprender a construir un nuevo ideario sobre los aspectos esenciales que afligen al ser costarricense. Tratar de hacer reaccionar a las nuevas generaciones y hacerles comprender que estamos viviendo tiempos anómalos. Algo debemos hacer para no caer en el hoyo negro que parece abrirse a la vista, y cuyos síntomas de desesperanza son más que evidentes. Es tarea de cada quien y es el objetivo de todos. Costa Rica no merece este trance hacia la nada.

 

 

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Por Redacción

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