Editorial: Tiempos de poda…y retoño (incluye Podcast)

Bienvenidos estos tiempos de poda, de secuelas profundas y grandes sacrificios, siempre y cuando dejen importantes enseñanzas para la especie humana.

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En palabras de la naturalista Karen Arras, estamos viviendo una especie de poda generalizada, lo dice mientras reflexiona en su casa; junto a Robert su esposo allá en la montaña, cerca del Roble de Santa Bárbara, a la que se llega subiendo por la Calle de la Amapola y por donde desliza presuroso el Río Guararí, el cual evoca a  su más recordada libélula: Emilia Prieto.

Bajo esa analogía de Karen, no hay duda que ha sido podada la globalización, el consumismo exacerbado, la política y la economía, pero también los afectos  y la convivencia, la salud y podado un sector vulnerable de la población. El árbol de la humanidad ha sido metafóricamente mutilado. Queda así el árbol al desnudo, para enfrentar las rigurosidades del clima y las vicisitudes del entorno, mientras  se toma el tiempo que sea necesario para retoñar.

Bajo estas circunstancias,  este fenómeno  nos hace tener conciencia; al menos temporalmente mientras se sufre, sobre aquello que realmente importa, para poder diferenciarlo de  lo que no. Ahonda también la inequidad señala Robert. Y pese a la desoladora imagen que nos brinda el árbol podado que simboliza la pandemia, este se encuentra  listo para retoñar con fuerza y ser colmado por miles de nuevas hojas verdes, asidas ahora más fuertemente a sus ramas.

Luego del shock de la mutilación y  desnudez de la floresta, hay en este fenómeno un período en el que no sucede nada. Aunque casi todo ha sido mutilado, la esperanza también rebrota y la luna brillante en el horizonte, tan oscuro como infinito, emerge radiante en presagio a todo lo bueno que habrá de suceder; anunciando en cierto modo, un mañana mejor.

Adaptarse implica para el ser humano, aceptar la extraña fusión entre lo natural y su propia actividad destructiva que le hace sufrir, porque aunque haya un orden superior, siempre la especie humana tendrá posibilidad de incidir para bien y para mal, en el orden natural de las cosas.

La poda es quizás inevitable, tanto como lo es el resurgimiento de la vida sin detrimento de la mutilación que haya sufrido.   Vendrán tiempos mejores, a pesar del costo social y los sacrificios ineludibles. Siempre hay espacio para el resurgimiento de las más hermosas manifestaciones de expresión humana, porque también las hay.

Estos tiempos grises pasarán y en la memoria del árbol posiblemente nada quedará registrado, los cortes quedaran ocultos bajo las nuevas ramas y el reverdecer cubrirá las viejas cicatrices. Retoñara el árbol podado que simboliza la sociedad y se volverá a poblar de plenitud, tal es el ciclo natural.

Bienvenidos estos tiempos de poda, de secuelas profundas y grandes sacrificios, siempre y cuando dejen importantes enseñanzas para la especie humana.  Sí en efecto, son tiempos de poda,  también lo son de regeneración como Karen misma agrega, los cuales nos permitirían alcanzar un mundo mejor  en armonía con la naturaleza… y quizá hasta puedan elevarnos a un estadio superior de la evolución humana.

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