Editorial: Tres grandes desafíos de nuestro Tiempo

Sólo cuando el habitante del planeta esté dispuesto a reconocer que la única identidad que cuenta es la suya como especie; protegiendo a otras de las que también depende, será posible avanzar,  no sólo hacia un modo sostenible de vida, sino de paso, para garantizar la  propia sobrevivencia.

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La época que vivimos nos está dando importantes enseñanzas, y quizás de ello derive tres importantes desafíos; que de atenderlos, quizás nos ayude a avanzar no sólo a nivel local sino también a nivel global.

El primer gran desafío es descifrar lo que realmente está ocurriendo, en esta sociedad donde la  vertiginosidad es la constante. No hay tiempo ni conciencia suficiente como para comprender la magnitud de la transición tan veloz como profunda, que provoca  cambios de diversa índole y prácticamente en todos los ámbitos en que se desenvuelve la actividad humana. Se necesita  un enorme reposo espiritual y una importante capacidad mental para descodificar aquellas variables más importantes  en lo cultural, en lo político, en lo ambiental, en lo tecnológico y en lo social, sólo para mencionar algunos de esos ámbitos en que están ocurriendo cambios sucesivos todos los días. Y se requiere además, una gran atención a los hechos y a los acontecimientos importantes, que impida a las personas sensatas, dejarse arrastrar por influencias o corrientes manipuladoras  de la información y la comunicación sobre los eventos que acontecen a cada momento. Abundan en el ambiente demasiados “trolls” y sobran las malas intenciones.

El segundo desafío consiste,  en construir una visión a partir de esta ineludible realidad, pensando en el futuro, para que las presentes generaciones y sobre todo las que vienen, puedan trazar una ruta sobre ella, la cual les permita alcanzar un mañana un tanto más promisorio. ¿Quién construye y cómo lo haga? son sin embargo interrogantes ineludibles en torno a este otro desafío. Esa visión demanda un liderazgo único y distinto, que abandone los viejos trillos y las fórmulas políticas obsoletas, para sin ambages, trazar la dirección correcta en estos difíciles tiempos del Siglo XXI. Esta visión posiblemente implique, tener una noción clara de la responsabilidad del ser humano con su Hogar; el planeta azul, porque lo cierto es que todo anhelo supremo, necesita un techo y alimento para proteger a los seres, que sin excepción habitan en él.  Asimismo demanda una conciencia colectiva y  esfuerzos mancomunados, por cuanto el individualismo y las distintas manifestaciones del ego, no conducen a  tierra prometida alguna.

El último desafío no es menos sencillo. Implica el reconocimiento de que la única identidad posible para subsistir, no son las identidades asesinas de las que hablaba Amin Maalouf en su obra del mismo nombre, sino la humana. Por identidades asesinas se refiere este autor de origen libanés, a todas aquellas que establecen diferencias entre unas naciones y otras, entre unos grupos y otros, entre culturas y fronteras étnicas, políticas, raciales; igualmente absurdas.  Sólo cuando el habitante del planeta esté dispuesto a reconocer que la única identidad que cuenta es la suya como especie; protegiendo a otras de las que también depende, será posible avanzar,  no sólo hacia un modo sostenible de vida, sino de paso, para garantizar la  propia sobrevivencia.

Utopía? …posiblemente que sí, pero sólo atendiendo estos desafíos; de los cuáles derivan otros no menos importantes, es que se podrá asegurar la continuidad de la vida a partir del tercer milenio en el que ya estamos navegando.  Es posiblemente a partir de ahí, que nuestra especie estará posiblemente dispuesta a asumir otros retos;  menores en importancia y en todo caso derivados de estos.  La ruta y la estrategia demandan nuevos liderazgos, aunque eso también, está por verse.

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