Editorial: Un paso fundamental

Deberán construirse puentes, el lenguaje duro y descalificador deberá ceder, tanto de un lado y del otro, de los ofensores y de los ofendidos, a un lenguaje sensato, que opere fuera de los círculos de la descalificación y del odio.

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El pasado martes 26 de mayo de 2020 dio un paso fundamental en el largo y arduo camino para lograr la igualdad de todos los costarricenses al reconocer el Matrimonio Igualitario. De esta forma nuestro país es el primer país Centroamérica en reconocerlo y uno de los países que a nivel internacional han dado estatus legal al Matrimonio Igualitario.

Este largo periplo no ha sido fácil. En los últimos años Costa Rica ha sido testigo de una dura batalla librada por miles de costarricenses para ser ciudadanos de pleno derecho. Gracias a la convergencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, unido a la voluntad de actores políticos, parlamentarios y de la sociedad civil Costa Rica logra acercarse a una sociedad más democrática.

Como lo dijimos, tal recorrido en la conquista por la verdadera igualdad se ha cruzado en el camino con descalificaciones y reproches de parte de aquellos que en la sociedad no han entendido el valor de la tolerancia y de la libertad. De la tolerancia necesaria que permita y viabilice la convivencia entre todos los costarricenses sin distingo de raza, de orientación sexual, credo religioso o definición ideológica. Y de la libertad, valor fundamental en una democracia que permita a los otros, a los demás, a elegir la forma de comprender y expresar el amor.

Hoy miles de costarricenses podrán elegir la forma de amar y de expresar el amor sin que esto vulnere o transgrede el ordenamiento jurídico nacional. Hoy miles de costarricenses que han defendido con sangre sudor y lágrimas el derecho al matrimonio, con alguien de su mismo sexo, pueden sentirse satisfecho, orgulloso, libre y tranquilo porque por vez primera es un ciudadano costarricense de pleno derecho.

Esta larga batalla emprendida primero en silencio y luego expresada en las calles y en las universidades del país, forma parte de una lucha más antigua iniciada por los hombres y mujeres que se liberaron de la esclavitud, de la lucha de las mujeres del mundo por alcanzar la ansiada igualdad, de la lucha por los indígenas y de los afrodescendientes costarricense por alcanzar el dictum constitucional que dice que todos los costarricenses somos iguales ante la ley.

Se ha avanzado en una igualdad jurídica para miles de costarricenses, queda ahora construir de parte de todos los ciudadanos, sin distingos de religión, identidad de género, credo religioso o partido político, algo esencial en una democracia: la tolerancia y comprensión entre unos y otros. Deberán construirse puentes, el lenguaje duro y descalificador deberá ceder, tanto de un lado y del otro, de los ofensores y de los ofendidos, a un lenguaje sensato, que opere fuera de los círculos de la descalificación y del odio. Sin esa voluntad por calmar los ánimos, por vencer los prejuicios y las críticas teñidas de desprecio, tanto de uno como de otro lado, la igualdad jurídica estará siempre incompleta.

La Revista les expresa su afecto y felicitación a los costarricenses puede elegir de forma libre su manera de amar y de convivir.

 

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