Editorial: Un rayo de luz entra por los ventanales de la Corte

La Corte Suprema de Justicia es un reducto trascendental, que no debe salirse bajo ninguna circunstancia del control de la sociedad democrática. Es imprescindible reconquistar el balance de las fuerzas morales que han venido perdiendo terreno allí. Destacados intelectuales y muchos costarricenses han hecho serias advertencias sobre el tema.

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Existe una importante presión, tanto externa como interna, para procurar que en forma transparente; es decir mediante voto hecho público, se nombre al Presidente o Presidenta de la Corte Suprema de Justicia. Para una democracia que muestra evidentes fisuras en su institucionalidad, posibilitar que el aire fresco pueda ventear y la luz iluminar; dando calor a las frías paredes e insalubre ambiente en algunos estrados de lo judicial, no deja de ser un signo esperanzador y positivo para muchos de sus funcionarios, pero además para la ciudadanía. Cuando  la luz llega y el calor penetra, lo oscuro, lo húmedo y lo sucio es permeado por la luminosidad.

La urgencia de hacer llegar claridad y aire fresco al Poder Judicial, es en realidad importante en todas y cada una de las instituciones, dado que en ellas todavía algunos insisten en mantener códigos secretos, decisiones encubiertas y maniobras ocultas en favor de intereses particulares; provocando a la vez un despropósito, a la finalidad y responsabilidad del Estado con el bienestar general. Y es que desde este punto de vista,  es muy significativo lo que acontezca la próxima semana sobre el nombramiento del Presidente o de la Presidenta. Porque sí de alguna manera la Corte se enrumba en la dirección que un importante grupo de Magistrados y Magistradas desea llevarla, sumado a la voluntad de distintas voces en la Asamblea Legislativa y gremios del mismo Poder Judicial; se daría entonces una importante señal de transparencia, en tiempos en que el secretismo y la opacidad corroen los sistemas democráticos.

Está claro sin embargo, que esa es ante todo una decisión de carácter interno y debe darse con respeto a la independencia que posee el Poder Judicial; y venida a menos por otras razones ante la opinión de los costarricenses. La escogencia de los miembros de la Corte Plena debe continuar siendo soberana, en cuanto a quién prefieren; en su condición de electores, para asumir las riendas de este baluarte institucional. Es por eso mismo, indispensable disipar el velo de niebla allí dentro, y la cuestión de fondo demanda ser la urgencia de espantar la corrupción y de cortar los hilos que ha venido tejiendo el narcotráfico, en el seno mismo de la institucionalidad.

La Corte Suprema de Justicia es un reducto trascendental, que no debe salirse bajo ninguna circunstancia del control de la sociedad democrática. Es imprescindible reconquistar el balance de las fuerzas morales que han venido perdiendo terreno allí. Destacados intelectuales y muchos costarricenses han hecho serias advertencias sobre el tema. La Magistrada Julia Varela ha levantado con mucha valentía la bandera de la transparencia, junto a otros que igualmente dan su lucha desde adentro, como lo ha también hecho su Expresidente Cruz.  Nos encontramos ante una oportunidad de oro; la cual  es menester asumir con mucha responsabilidad y tal circunstancia nos obliga a  seguir muy pendientes de lo que ocurra; mucho más allá de la próxima semana.

 

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