Editorial: Un segundo año de gobierno

Este segundo año de gobierno, así como los que siguen es para todos, no sólo para la Administración de turno. Por qué esperar la debacle, o por qué contribuir a ella? Por qué no empezar ya, o de nuevo?  El momento ciertamente es este.

0

La Administración Alvarado reinicia el empinado camino con un panorama no menos complejo que el de hace un año. La diferencia reconocible la ha hecho sin duda la polémica reforma fiscal,  al alejar al país unos cuantos pasos del risco.

En el plano legislativo hay que rescatar la reforma al reglamento, que contribuye no sólo a la dinámica legislativa sino a poder avanzar un poco más. El informe sobre el bache fiscal asimismo, por parte de la comisión responsable en el Congreso, es un importante llamado de atención el cual no debe ser soslayado. En materia de Administración de Justicia hay serias cuestiones que resolver. Las asignaturas pendientes en el país son muy diversas, pero retardar la toma de decisiones las hace aún más en complejas y deben ser abordadas sin ambages,  principalmente en seguridad como cuestión integral a la que apela la ciudadanía, tanto en lo económico como en lo social pero también en lo jurídico.

El país igualmente ha retrocedido en educación, pese al famoso 8% del aporte estatal, el cual incluye el clásico llanto autonómico de las universidades y las hipocresías de sectores magisteriales para justificar lo injustificable en secundaria y primaria a raíz de la huelga magisterial. El hecho de sólo 8 estudiantes aplazados (de entidades privadas) en el curso lectivo del 2018 en el país, deja unas interrogantes e implicaciones del tamaño de un sequoia.

Y es que evadir responsabilidad y rasgarse las vestiduras, se ha convertido en el deporte de los grupos de interés tanto entre paladines de la justicia social, como de los intereses económicos que se rehúsan a aportar a su compromiso con el resto de la sociedad, refugiándose en la mezquindad aquella “de por qué yo?” …y siendo este a la postre, un fenómeno tanto de izquierda como de derechas, para usar referencias ideológicas un tanto gastadas.

Tampoco puede ser soslayado de la agenda nacional, el abordaje de temas relacionados con la sostenibilidad de las finanzas públicas (salarios, transferencias y pensiones), o cuestiones de infraestructura, sin perder de vista el cambio climático, o  la atención al cambio demográfico.

Lo que sucede es, lo que todos ya sabemos,  que el abordaje de los grandes desafíos nacionales pasa por las manos de los tomadores de decisiones que a fin de cuentas son políticas, y ello exige conciencia y templanza de los diferentes actores y no sólo del Poder Ejecutivo. Este ya ha sufrido un importante desgaste en el primer año de gobierno, y  continúa un tanto a la deriva sin encontrar Norte en aguas turbulentas.

La Asamblea Legislativa en general, aparte del avance mencionado,  está fragmentada en un mundo de pequeñeces, que incluye la creación de un Colegio de Estilistas,  un listado de peticiones bíblicas, un canasto lleno de añejos reproches partidarios y algunos evidentes afanes por  figurar. La respuesta de crear una comisión por problema o escándalo público en materia de control político, no parece ayudar tampoco a la atención integral de los problemas.

En el Poder Judicial hay reacciones importantes para salir de su crisis aunque también un notorio protagonismo por encontrar culpables y cazar brujas en todo lado, principalmente por parte del Ministerio Público y su activa Fiscala, menos en los temas sustantivos (cementazo incluido).

El país debe encontrar una forma distinta de hacer política, el Presidente debe arrollarse las mangas e ir a buscar los líderes ahí en los islotes de intereses, y hacerlo mediante el diálogo persistente y persuasivo; con humildad y determinación. Debe procurar puntos de encuentro y trazar puentes que permitan a unos y a otros, contribuir para salir de la turbulencia. La Asamblea debe ocuparse de los temas álgidos y de la visión sustantiva del quehacer político.

El  liderazgo del directorio debe contribuir a ello y no  en estimular distractores y ocurrencias para obtener votos y ventajas superfluas, ni tampoco para develar retratos de forma tan torpe e inoportuna. Las fracciones político partidistas deben ser más autocríticas y menos autocomplacientes para poder avanzar. Jefes y subjefes deben pensar en el país y en sus hijos, cada vez menos en cuestiones emocionales inmediatas.

El Poder Judicial puede hacer también lo propio, respetándose su independencia y la separación de poderes y quizás atenuar el espectáculo circense de los operativos espectaculares del Ministerio Público, para dedicarse a  atender lo trascendente y lograr su mejoramiento gradual así como un servicio eficiente de la administración de justicia. También debe sopesar con autocrítica y decisiones de fondo la materia de sus privilegios.

Los distintos actores sociales asimismo están en la obligación de actuar con sentido patrio y no de archipiélago, reiterando eso sí,  que el Poder Ejecutivo está llamado a jugar un papel relevante en hilvanar y en demostrar voluntad con sentido de dirección, llamando a terreno a los liderazgos de la sociedad civil que posean afán por construir la sociedad posible.

Este segundo año de gobierno, así como los que siguen es para todos, no sólo para la Administración de turno. Por qué esperar la debacle, o por qué contribuir a ella? Por qué no empezar ya, o de nuevo?  El momento ciertamente es este.

 

 

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...